Al pasar el tiempo comprendí tu nombre,
no como una sílaba perdida en el viento,
sino como el eco que aprendió mi sangre,
antes incluso de latir por dentro.
No llegaste un día:
siempre habías estado,
escondida en la lluvia,
en la primera estrella,
en el perfume tímido de los jazmines
que florecen cuando la noche se enamora.
Yo buscaba horizontes,
sin saber que el horizonte eras tú;
perseguía caminos,
ignorando que todos desembocaban
en la calma de tus ojos.
Y cuando nuestras almas se encontraron,
el universo guardó silencio,
como si temiera romper,
el milagro de aquel instante,
en que dos eternidades,
decidieron reconocerse.
Desde entonces,
el tiempo dejó de ser reloj,
para convertirse en memoria;
los minutos aprendieron a respirar,
las horas comenzaron a tener tu voz,
y cada amanecer,
fue una carta escrita por la esperanza.
Porque amarte,
es descubrir que la vida,
siempre tuvo un sentido secreto,
una melodía escondida,
que sólo podía escucharse,
cuando tu corazón latía junto al mío.
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Autor:
Arvela (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 15 de julio de 2026 a las 22:42
- Comentario del autor sobre el poema: Primera de seis partes\r\n@DR LLDEGC
- Categoría: Amor
- Lecturas: 5
- Usuarios favoritos de este poema: alicia perez hernandez
- En colecciones: A ella.

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