A veces termino acostándome con otras mujeres.
No porque las quiera.
Ni siquiera porque las desee.
Lo hago con la ingenua esperanza de que, por un instante, mi cabeza deje de pronunciar tu nombre.
Nunca funciona.
El sexo sin amor tiene esa maldita costumbre de dejar el cuarto demasiado silencioso. Y en el silencio siempre vuelves tú.
Vuelven tus rizos derramándose sobre mi pecho. Tus lunares, esos que conocía de memoria como si fueran el mapa de mi casa. La forma en que hablaba de tus pechos con una ternura absurda, porque nunca fueron sólo un cuerpo; eran tuyos, y eso bastaba para que me parecieran el lugar más hermoso del mundo.
Ellas creen que acaban de conocerme.
No saben que, mientras me abrazan, yo estoy de luto.
Que el cuerpo puede aprender otros nombres, pero el corazón es un animal terco que siempre regresa al mismo.
La verdad es que nunca las estuve buscando a ellas.
Sólo estaba intentando encontrarte en personas que jamás tuvieron la culpa de no ser tú.
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Autor:
Cococherry (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 15 de julio de 2026 a las 19:08
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 5
- Usuarios favoritos de este poema: alicia perez hernandez, Salvador Santoyo Sánchez

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