El Eco Del Mármol

WCELOGAN 🔛



EL ECO DEL MÁRMOL

 

 

 

La noche escribe sobre los tejados,

una vela agoniza frente al papel.

Hay un nombre grabado en mi alma,

un amor que jamás podré tener.

Eres la luz que mi pluma persigue,

la estrella que nunca podré alcanzar.

Alabastro vestido de seda y laureles,

un sueño imposible que debo adorar.

Nací donde el pan pesa más que los sueños,

vos entre escudos de antiguo blasón.

Mi sangre aprendió a escribir en silencio,

la vuestra heredó un reino de honor.

Mi pluma sangra sobre el papel,

cada poema me acerca al final.

Si amaros es una condena,

visto de luto mi soledad.

Prisionero del papel,

arrodillado ante un cielo distante.

Vos en vuestro palacio de hielo,

yo con mi alma de caminante.

Mientras vuestro mundo brilla

de oro, blasón y poder,

yo me pierdo entre estas páginas

de un amor que no pudo nacer.

Deteneos, señora...

escuchad mi corazón.

No traigo oro ni títulos,

solo una eterna canción.

Os entrego mis palabras,

mi verdad y mi dolor.

Mi pobreza no es vergüenza,

mi riqueza es este amor.

¿Qué buscáis, humilde poeta?

¿Cambiar las leyes del ayer?

La sangre que corre en mis venas

no se mezcla con vuestro papel.

Mi apellido es una torre,

mi destino una obligación.

Vos sois apenas un suspiro

perdido en la habitación.

No os pido vuestro nombre,

ni vuestro mundo celestial.

Solo que una vez miréis

lo que mi alma quiso entregar.

El amor no rompe piedras,

ni derriba un pedestal.

Hay distancias que nacieron

para nunca terminar.

Prisionero del papel,

condenado a recordar.

Vos con vuestra fría altura,

yo aprendiendo a renunciar.

Hay amores que se escriben

con lágrimas sobre la piel,

estatuas que nacen rotas,

sin llegar a florecer.

Ya la tarde cubre mi ventana.

La vela apenas quiere respirar.

No queda tinta para mis promesas,

solo una última verdad por confesar.

El desamor llegó sin hacer ruido,

la muerte espera en su habitación.

Ambas llevan el mismo vestido:

el rostro triste de la decepción.

Dama de mármol,

que el cielo os perdone.

Mi corazón ya no busca razones.

Fui solamente

una voz en la distancia,

un verso perdido

frente a vuestra elegancia.

Mi sangre firma

el último renglón.

Mi vida se apaga

donde murió la ilusión.

No os lleváis culpa,

ni guardo rencor.

Vos conserváis el mundo,

yo conservo mi amor.

No es un adiós,

es mi último cantar.

La pluma descansa,

ya no quiere luchar.

Cuando la noche pregunte mi nombre,

solo quedará una canción:

Un poeta, una dama,

un sueño imposible...

y el eco del mármol

venciendo al amor.



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