𝐄𝐋 π‚Γππ“πˆπ‚πŽ 𝐃𝐄 𝐌𝐈 π€πŒπ€πƒπ€

ronald tadeo ramirez elizalde

Amada mía, escucha la voz de mi corazón:

 

En la quietud de la noche te recuerdo, y mi alma se levanta hacia ti como incienso que asciende al cielo. Tu nombre mora en mis pensamientos y tu recuerdo es como aceite perfumado que llena la casa de alegría.

 

Hermosa eres, amada mía; hermosa como el alba cuando despierta sobre los montes, como el jardín escondido donde florecen los lirios y la fuente pura que refresca al caminante cansado.

 

Tus ojos son lámparas que iluminan mi sendero; tu sonrisa es como miel en los labios y tu presencia como la sombra de un árbol frondoso en el día de calor.

 

No hay tesoro que pueda compararse con la dulzura de tu corazón, ni joya alguna que iguale la gracia que habita en tu alma. Porque la belleza que contemplan mis ojos es solo el reflejo de la luz que llevas dentro.

 

Mi corazón te busca entre los silencios, como el ciervo busca las aguas tranquilas. Mi espíritu anhela el día en que la distancia sea vencida y pueda caminar a tu lado bajo un mismo cielo.

 

Entonces nuestras almas serán como viñas que florecen en primavera; nuestro amor será como un huerto cerrado, cuidado con ternura, donde cada día crecerán la confianza, la entrega y la alegría.

 

Prometo honrarte con mi amor, cuidarte con mis palabras y acompañarte con un corazón fiel. Porque no deseo solamente admirar tu hermosura, sino ser compañero de tus días, guardián de tus sueños y abrigo en tus momentos de tristeza.

 

Ven, amada mía, caminemos juntos por los senderos de la vida. Que nuestros corazones sean una sola melodía y que nuestros recuerdos sean como estrellas que nunca dejan de brillar.

 

Porque fuerte es el amor cuando nace de la verdad; profundo cuando se alimenta de la paciencia; eterno cuando dos almas lo protegen con respeto y fidelidad.

 

Y yo diré de ti:

 

“Eres la flor de mi jardín, la luz de mis mañanas y el canto que mi alma aprendió a pronunciar”.

 

Así permanecerá tu nombre escrito en mi corazón, como un sello de amor que ni el tiempo ni la distancia podrán borrar.

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