Atento a las nuevas realidades que la historia desencadena sobre mis anhelos, siento cómo el destino trabaja, acerando los umbrales del tiempo y de las existencias. Sin nada que hacer y a contrapelo, voy pavimentando ese sendero por donde me ha abierto un espacio que nunca solicité. Su flujo se vuelve permanente; sus herramientas anticipan vientos y las tempestades, y no existe rincón que escape a su dominio.
Más allá, agazapado entre las milésimas de segundo que engrosan las horas y los días, el tiempo contempla, con la serenidad de su oficio infinito, cuanto sucede en los espejos que ha sembrado en los ojos de quienes habitamos la angustia. Son minutos que van cayendo de rutina en rutina; de momento en momento; de lamento en lamento…
En su asiento póstumo, la muerte ordena y registra cada cuerpo que sucumbe a su llamado. El tiempo y su angustia ya no son factores para los cuerpos ateridos, fríos y solitarios, que caen desmoronándose en una silenciosa naturalidad, donde la tierra retoma los desnudos cuerpos que alguna vez le pertenecieron.
Entretanto, escribo mis poemas con miedo y desazón, procurando que nadie descubra mi oficio de poeta, prófugo de los equilibrios y de las razones que ha encontrado un espacio para decir cosas en el olimpo de un café y una lluvia que tiñe mi memoria de un azul en extinción.
Viajan las letras formando palabras indóciles, no automatizadas, como gotas de sangre o lágrimas rojas que mi alma escribe en el silencio de los días forjados por los vientos del sur de Chile.
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Autor:
edgardo vilches (
Offline) - Publicado: 13 de julio de 2026 a las 18:01
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 6
- Usuarios favoritos de este poema: alicia perez hernandez, Mauro Enrique Lopez Z.

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