El tiempo contigo ( A mi padre, 16 de julio 1980)

José Luis Barrientos León

 

No suelo creer en los milagros cotidianos,

pero cuando el frío arreciaba con fuerza

y el mundo afuera parecía un perro rabioso,

tú estabas ahí, quieto y seguro.

 

Me protegiste del daño sin discursos solemnes,

simplemente cerrando la ventana,

poniendo el cuerpo ante la tormenta.

En tus manos, viejo, el invierno era menos invierno.

 

Me mantuviste abrigado con un suéter gastado

y con esa paciencia tuya que no se vende en tiendas.

Fue un abrigo de silencios compartidos

y de palabras justas a la hora del café.

 

No fue solo un trámite de biología,

me diste mi vida palmo a palmo,

me la enseñaste a andar,

a tropezar sin romperme las ganas,

a mirar los mapas sin miedo a perderme.

 

Pero tu mejor obra, tu verdadera estrategia,

no fue amarrarme a tu orilla para siempre.

Me liberaste cuando hizo falta,

me abriste la puerta sin cobros ni facturas,

para que mis pies probaran su propio camino.

 

Hoy miro el calendario, las arrugas, el tiempo que vuela,

y si me preguntan por la felicidad auténtica,

esa que no se oxida en los rincones,

responderé sin dudarlo un solo segundo,

los mejores años que jamás conocí,

fueron todos los años que pasé contigo.

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