A MI SOMBRERO
Viejo compañero de caminos,
silencioso centinela de mis jornadas,
sobre tu ala descansa el sol,
y bajo tu sombra se cobijan mis recuerdos.
Has escuchado voces
que el tiempo jamás ha conseguido apagar;
voces de mercados bulliciosos,
de plazas antiguas,
de canciones nacidas al calor de una guitarra
y de conversaciones que el corazón aún conserva.
Has visto la cultura
vestirse con los colores de cada tierra;
las manos del artesano,
la danza de los pueblos,
las fiestas que iluminan la noche
y las tradiciones que viajan de generación en generación.
Te ha tocado el viento de distintos pueblos,
el que baja perfumado de los bosques,
el que atraviesa los desiertos,
el que juega con las espigas doradas
y el que trae consigo el aroma del mar.
Has contemplado sonrisas de hombres, mujeres y niños;
sonrisas sencillas, sinceras, luminosas,
capaces de convertir un instante cualquiera
en un recuerdo destinado a permanecer.
Has sido acariciado
por la sombra del vuelo de los cóndores andinos,
esos soberanos del cielo
que enseñan a la mirada
que la verdadera grandeza
siempre viaja de la mano de la libertad.
También conoces el murmullo de la lluvia,
el abrazo tibio de la mañana,
la paciencia de los caminos interminables
y la nostalgia de los atardeceres
que pintan de oro las montañas.
No eres solo un sombrero;
eres un guardián de historias,
un pequeño horizonte que acompaña mi frente,
un testigo discreto de mis pasos
y un fiel compañero de mis sueños.
Con la bandera de Colombia en su tacto,
aprendiste el lenguaje de su gente sincera;
guardaste entre tus alas el aroma del café,
del ají, del salpicón patojoo, el tamal valluno...
Y en tu esencia se entretejió el corazón inmenso de aquella noble tierra.
Cuando el último camino reclame mis pasos,
no quiero que descanses en el olvido.
Sigue viajando en la memoria de quienes me amaron,
porque un buen sombrero nunca envejece:
se convierte en horizonte,
en brújula de recuerdos
y en bandera silenciosa de la libertad.
Y en aquel día
en que mis senderos se vuelvan silencio,
quisiera que alguien, al verte, sonriera y dijera:
“Aquel sombrero conoció el mundo;
escuchó las voces de los pueblos,
abrazó sus vientos,
miró la belleza de su gente
y llevó, bajo su humilde sombra,
El corazón agradecido de un viajero."
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Autor:
Javier O Ojeda (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 12 de julio de 2026 a las 22:53
- Comentario del autor sobre el poema: Con cariño para Nick , en su viaje a Colombia en el verano de 2026, inspirado en sus propias ideas.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 9
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Nick Mtz. Ojeda, Sheilo Sanz

Offline)
Comentarios1
Qué honor tener un abuelito poeta y que me apoya en mis locuras viajeras. Nadie como tú, Pepé. ♥️🫂 Gracias por escribir lo que mi corazón sentía cuando mis manos no pudieron seguirlo.
Es como si la misma ráfaga del sentimiento hubiera viajado a través de nuestra tinta mezclada. Tenemos la misma tinta artística y apasionada en las venas y qué agradecido estoy por eso.
En este día me he encontrado con un señor que me recordó tanto a ti. John se llama. Nos escuchó desde su moto pedir recomendaciones de algún lugar para desayunar y nos llevó a la galería de Popayán. Idéntica a un mercado de México pero tan distinta en su oferta de sabores. Probamos la caña con limón y los tamales vallunos de Cauca. Y él nos acompañó siempre. Shorts rojos. Pelo canosito. Gorra. Tan similar a ti y con esa sonrisa característica.
Y además le contaba a mi compañera que con este sombrero, mis llaves en la mano, una pulsera de cuero y una curiosidad por hablar con locales me siento como tu verdadero nieto. ¡De tal palo tal astilla! Gracias por enseñarme tanto de la vida
Gracias por acompañarme siempre. Ya quiero volver y abrazarte.
Compartimos la sangre y los gustos, y que mejor los ideales del arte . Siempre tendrás mi cariño y cada vez que escuches el trío de un ave o el murmuro del viento .. escucha un 'te quiero" que con una sonrisa te dirá siempre tu abuelo.
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