Bajo la sombra ancestral de un árbol en el África salvaje,
comenzó el gran mito que vistió nuestra desnudez.
Nos inventamos largas genealogías, un linaje,
historias de héroes y de dioses para engañar a la vejez.
Alzamos un símbolo, una bandera, una patria de viento,
y para nombrar el vacío que el pecho sentía,
creamos el verso, la metáfora y el cuento,
dibujando la ilusión del mañana que nunca sería.
Rescatamos las glorias del pasado con premura,
entonando canciones de tierna esperanza y amor;
un lenguaje sagrado, una fina armadura
para cubrir la muerte, el olvido y el dolor.
Los sueños se alzaron como la cúspide del ingenio,
el faro más alto de la humana creación.
Y en aquella tarde, bajo el sol del milenio,
nacieron "poder" y "gloria" como una religión.
De esa febril inanidad que nos habita por dentro,
inventamos las fiestas, los homenajes y los honores.
Buscamos el aplauso, la luz del epicentro,
mientras dividimos el mundo en dogmas y rigores.
Separamos con saña lo importante de lo inútil,
creyendo tener el control de la balanza...
Pero todo es un velo, un artificio sutil,
una danza vacía que el tiempo no alcanza.
Tantas catedrales, tantas leyes, tanta cordura...
Tantos disfraces creados con torpe destreza,
solo para tapar la soledad, la locura
y el implacable y absurdo dolor de la existencia...
Al final, no queda rastro del orgullo ni del día,
pues todo aquello que el hombre construye con ansia,
un día se olvida y se pudre en la tumba fría.
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Autor:
mauro marte (
Offline) - Publicado: 12 de julio de 2026 a las 11:12
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 7
- Usuarios favoritos de este poema: Una voz, alicia perez hernandez, Tommy Duque, Salvador Santoyo Sánchez, Tito Rod, Antonio Pais

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