Me envolviste con fuego del averno, con ternura de demonio.
Me diste aire de ardientes llamas. ¡Oh, demonia mía!, amor tierno que no olvido.
Hoy, quien te juzga, tu rareza irradia celos; no aman como nosotros, mi dulce criatura infernal, a quien nunca, a quien nunca quisiera separar de alma y mente mía.
Caminas entre cielo e infierno, portadora de luz, mi estrella de la mañana. ¿Quién te ama como yo, mi linda demonia?
Beberé de tu manantial, mi ángel caída, y te lloraré entre mis caricias.
Mi más amada criatura.
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Autor:
Kenneth Emilio Vargas Ovalle (
Offline) - Publicado: 12 de julio de 2026 a las 06:23
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 6
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z.

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