La Edad Me Desnuda
Ya no veo los detalles de cerca,
ni escucho los susurros
que reptan en lo lejano.
Pero me escucho a mí,
por fin,
con la claridad
de una voz que ya no tiembla.
Camino más lento,
pero sin perseguir fantasmas.
Mis pasos ahora eligen
dónde dejar sus huellas,
y no rinden cuentas a nadie.
He aprendido a quererme
sin disfraces ni permisos,
a dormir con menos horas,
pero con menos espectros,
y a no servirle café al insomnio
si no me trae verdades.
Los amigos se desprenden
como hojas vencidas.
Solo quedan aquellos
que entienden que el silencio
también abraza.
No saludo a los ausentes,
no discuto con ciegos de alma,
no busco redención
en labios prestados.
Con los años,
la culpa se vuelve polvo
que ya no barro.
Los arrepentimientos,
sombras antiguas
que acaricio de lejos
sin dejar que aniden.
Ahora sé que solo existe una vida,
y no quiero caminarla
con el abrigo de otros.
Así que avanzo desnudo
de expectativas,
con las arrugas por estandarte,
las cicatrices como memoria,
y una mirada interna
donde, al fin,
me reconozco.
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Autor:
Wii (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 12 de julio de 2026 a las 00:37
- CategorÃa: Reflexión
- Lecturas: 5
- Usuarios favoritos de este poema: Tommy Duque

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