Siéntate a mi lado; te arrullaré toda la noche. Posa en mí tu calor, llamarada fuerte y viva del amor. Trozo de cielo, pedazo de sol; brillan mis ojos cuando me pierdo en los tuyos. Noche blanca, espesa virtud la de tus labios cuando pactan con los míos. Ven a mí, cínica mujer de fuego, con aura silente y expresión serena. Intensifica mi alma y purifica tu corazón. La razón es simple: tú y yo, para y por siempre; nunca, hasta la eternidad.
Bendito sea el Creador por tan exuberante creación; con curvas infinitas que marean mi mirada, unos ojos que penetran mi alma y un tacto sutil que inquieta mi calma. Cuerpo divino, tentación con nombre. Encuentro en ti lo que en el ocaso existe y en ninguna otra estrella con su brillo persiste. Perfecta en pocas palabras; infinita en muchas. Eres y serás lo más puro que mi alma toca, tocó y tocará.
Cómo perderme quisiera en todo tu cuerpo; aterrizar en tus labios y descansar en tu pecho. Si acaso ella pudiera envidiarte, cansada de ti estaría la luna; opacas su brillo con tu risa coqueta y tu caminar esbelto. Mujer como tú, ninguna. Quiero que tus brazos sean mi cuna; que al despertar lo primero que vean mis ojos no sean las estrellas, sino tus ojos color pechiche: intensos, bellos, sutiles y tercos. Rosa con espinas que al querer te pinchan; sangra el pacto que hice con el diablo por poder amarte. Amada, hasta que la eternidad dicte su veredicto y muera en calma. Pues solo moriré si tu querer se muere; por ti viviré hasta que ciego de amor quede. Si respiro por tu nombre, me iré con el último deseo de tu boca.
Y si algún día el tiempo decide jugar en nuestra contra, prometo desafiar cada uno de sus segundos. Buscaré tu nombre en el viento, en la lluvia que besa la ventana y en el silencio que queda cuando el mundo duerme. Porque amarte no fue una elección; fue un destino escrito antes de que mis ojos aprendieran a encontrarte. Eres la casualidad más hermosa que la vida puso en mi camino, el verso que nunca supe escribir hasta que llegaste, la paz que mi tormenta llevaba una eternidad esperando. Si el universo me concediera una sola oportunidad de volver a empezar, volvería a buscarte entre millones de almas, una y mil veces, hasta reconocerte por la forma en que mi corazón pronuncia tu nombre. Y cuando el último día llegue, no le pediré a Dios una vida más; le pediré una eternidad a tu lado, porque si el cielo existe, estoy seguro de que empieza donde terminan tus abrazos y donde vuelven a encontrarse mis labios con los tuyos.
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Autor:
Mateo Mieles. (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 11 de julio de 2026 a las 23:46
- Comentario del autor sobre el poema: Te quiero más que ayer y menos que mañana
- Categoría: Amor
- Lecturas: 4

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