Un día comprendí que la muerte no despoja de todo; únicamente nos arrebata el cuerpo. Lo único que realmente nos pertenece es aquello que alcanzamos a vivir, porque son los recuerdos los que viajan con el alma cuando el tiempo pronuncia su última palabra.
Por eso intenté llenar mi existencia de momentos que algún día quisiera abrazar por toda la eternidad.
Pero el destino escribió otra historia.
Lo que habita mi memoria no son amaneceres, sino noches interminables donde el insomnio devora las horas con la paciencia de un verdugo. El reloj deja de medir el tiempo y comienza a medir mi sufrimiento; cada segundo se alarga hasta convertirse en un siglo, y cada madrugada es un desierto donde la esperanza muere de sed.
Al salir el sol visto mi mejor disfraz.
Sonrío.
Converso.
Trabajo.
Abrazo.
Finjo que todo está bien.
Nadie imagina que bajo ese traje impecable habita un hombre consumido por un incendio que jamás encuentra lluvia. Cargo un infierno silencioso que nadie escucha porque aprendí a gritar sin hacer ruido.
La frustración es el pan de cada día.
La soledad duerme a mi lado y despierta antes que yo.
Los tormentos aprendieron el camino de regreso a mi mente y ya ni siquiera necesitan llamar a la puerta.
La vida ha sido una guerra donde jamás conocí la victoria. Cada batalla me dejó una cicatriz distinta, hasta que un día comprendí que ya no sabía si seguía luchando por vivir… o simplemente por retrasar el inevitable momento de rendirme.
Entonces cierro los ojos.
Y huyo.
Viajo hacia una playa donde el mar parece haber robado todos los azules del cielo. Las olas acarician la orilla con una ternura que nunca conocí, mientras el viento lleva consigo la risa de quienes todavía saben lo que significa ser felices.
Los observo.
Corren.
Ríen.
Se abrazan.
Construyen recuerdos que algún día les devolverán una sonrisa.
Yo permanezco sentado sobre la arena, inmóvil, contemplando una felicidad que parece pertenecer a otra especie.
Nadie cruza su mirada con la mía.
Nadie se sienta a mi lado.
Nadie pronuncia mi nombre.
Soy un espectro contemplando la vida desde el otro lado del horizonte.
Y entonces descubro la verdad más cruel de todas.
Ni siquiera en mis propios sueños consigo existir.
Hasta mi imaginación ha aprendido a olvidarme.
Incluso allí donde el dolor debería quedarse dormido…
sigo siendo invisible.
Y quizás esa sea la condena más terrible de mi existencia:
no vivir un infierno,
sino descubrir que ni siquiera la esperanza sabe encontrarme cuando cierro los ojos.
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Autor:
El escriba de la penumbra (
Online) - Publicado: 11 de julio de 2026 a las 11:26
- Comentario del autor sobre el poema: Hay personas que coleccionan fotografías, viajes o grandes recuerdos. Yo colecciono instantes que nunca elegí vivir. Este poema es uno de ellos. Durante mucho tiempo creí que el verdadero sufrimiento era sentir dolor. Con el tiempo descubrí que existe algo aún más difícil: aprender a convivir con él hasta que se vuelve parte de uno mismo. Llega un momento en que el infierno deja de ser un lugar y se convierte en la forma en la que respiras, piensas y observas el mundo. La playa de este poema no representa un deseo de viajar. Representa el único lugar donde mi mente intenta regalarme un instante de paz. Sin embargo, incluso allí permanezco al margen de la vida, como si la felicidad fuera un paisaje que solo puedo contemplar desde la distancia, sin llegar a tocarlo jamás. Escribir se ha convertido en la única prueba de que todavía existo. Cada palabra evita que mi dolor desaparezca en el silencio. Mis poemas no buscan respuestas ni pretenden enseñar nada; simplemente son el rastro que dejo a mi paso, la evidencia de que hubo un hombre que luchó cada día contra una oscuridad que casi nadie alcanzó a ver. Quizá algún día mis versos sobrevivan a mi voz. Y si alguien los encuentra, no quisiera que recordara únicamente mi tristeza. Quisiera que comprendiera que, incluso cuando sentía que todo estaba perdido, seguí escribiendo. Porque mientras fui capaz de convertir el sufrimiento en palabras, todavía quedaba una parte de mí que se negaba a desaparecer.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 7
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Mª Pilar Luna Calvo, Violeta

Online)
Comentarios3
Es admirable el sentido que le ha dado a este poema... interesante a su vez quedo yo encantada en pasar por aquí y leer sus indudablemente maravillosa entrega de hoy , saludos cordiales.
Ofrezca su dolor a Dios, y sé que acá en la tierra nadie será plenamente feliz, solo son momentos de alegría que experimentamos, Dios prometió hacernos feliz en la eternidad. Le dijo a Santa Bernardita
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