Algo hubiese podido
pasar en esas calles
salpicadas de ruinas,
bordeadas de basura.
¿Qué? Tal vez
el encanto consista
en no saberlo,
en sospecharlo apenas.
Estado ahí te sientes
oprimido por las paredes
sucias y hostilmente tatuadas,
por los corredores
donde los choferes te consideran
un perro demasiado viejo
para andar estorbándoles.
Pero te vas y empiezas
a extrañarla, a sentir
que te ha dicho adiós
una amante pronto
aburrida de tus silencios
o una inquietante desconocida
que no llegó a ser amiga.
Algo perdiste
o en ti cambió,
algo descubriste allí,
tan secreto que aún
no lo encuentras dentro
de tu triste desconcierto.
Roma no me sonrió.
Con mirada de gaviota,
me habló impaciente
y pendenciera. Sin embargo,
quedé sediento de su luz
y su polvo, hambriento
de los besos que no sembré
entre sus venerables
y desamparados pilares,
sus fuentes caritativas
hasta la decrepitud,
y sus plazas y vías
escamadas de adoquines.
Si no vuelvo a visitarla,
ojalá reciba en la distancia
esta caricia de mis labios
sobre el rostro que ocultó
prestamente detrás de las multitudes,
sobre sus pies divinos
y siempre afanados
hacia quién sabe dónde.
-
Autor:
David H. Rosales (
Offline) - Publicado: 11 de julio de 2026 a las 09:31
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 7
- Usuarios favoritos de este poema: Osler Detourniel, Antonio Pais

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.