Mi amor:
Quizá algún día vuelvas a leer estas palabras cuando el tiempo ya haya calmado las tormentas que hoy atraviesan nuestras vidas. Tal vez entonces comprendas que, si alguna vez pronuncié la palabra “terminar”, nunca fue porque hubiera dejado de amarte. Mi corazón jamás conoció ese deseo. Fue una decisión nacida del miedo, de la incertidumbre y del deseo de proteger aquello que considero más valioso que mi propia tranquilidad: tu bienestar.
Hay decisiones que la razón intenta explicar, pero que el alma nunca acepta. Fingí una despedida porque pensé que era la única manera de evitar que el dolor siguiera creciendo. Sin embargo, comprendí que el amor verdadero jamás se mide por la facilidad con la que permanece, sino por la fuerza con la que resiste incluso cuando todo parece derrumbarse.
Te extrañaré de una forma que el lenguaje nunca podrá describir. Porque existen ausencias que no pueden contarse en días, semanas o años. Hay personas cuya presencia modifica la manera en que uno contempla el mundo. Cuando llegan, todo parece tener más sentido; cuando se alejan, hasta el silencio adquiere otro significado.
Muchas personas creen que amar consiste únicamente en permanecer juntos. Yo he aprendido que el amor también consiste en respetar los tiempos que la vida impone. Hay flores que florecen en primavera y árboles que necesitan décadas para mostrar toda su grandeza. El amor también tiene estaciones, también tiene inviernos, también tiene silencios. Pero el invierno no significa que la vida haya terminado; significa que la naturaleza está preparándose para volver a florecer.
La vida da muchas vueltas. Hoy creemos entender nuestro destino, pero mañana descubrimos que apenas conocíamos la primera página de nuestra historia. El ser humano suele desesperarse porque desea respuestas inmediatas, mientras que Dios trabaja con la paciencia de la eternidad. Nosotros contamos los días; Él escribe generaciones.
Por eso decido dejar todo en Sus manos.
No porque renuncie a nuestro amor, sino porque entiendo que hay batallas que ninguna fuerza humana puede resolver. Dios conoce cada conversación que nadie escuchó, cada lágrima que cayó en silencio, cada miedo que escondimos detrás de una sonrisa y cada promesa que hicimos con el corazón temblando.
Él conoce la verdad completa.
Y la verdad nunca necesita defenderse; simplemente espera el momento adecuado para ser revelada.
No somos quienes para juzgar el tiempo. Muchas veces llamamos injusticia a aquello cuyo propósito todavía desconocemos. La semilla también podría pensar que fue enterrada para morir, cuando en realidad fue sembrada para crecer.
Quizá nosotros también estemos viviendo ese momento en el que todo parece oscuro, sin imaginar que Dios está preparando algo que nuestros ojos todavía no alcanzan a comprender.
Siempre voy a desearte lo mejor. Aunque nuestros caminos hoy parezcan diferentes, jamás pediré otra cosa que no sea tu felicidad. Quiero que encuentres paz, que sonrías con sinceridad y que nunca olvides lo valiosa que eres. Si algún día el peso de la tristeza intenta vencerte, recuerda que existe un Dios que jamás abandona a quienes ponen su esperanza en Él.
No quiero que guardes rencor por aquello que vivimos. Prefiero que recuerdes nuestras risas antes que nuestras lágrimas; nuestros sueños antes que nuestros miedos; los abrazos que nos dieron fuerza antes que las despedidas que intentaron debilitarnos.
Porque el amor no se define por el último capítulo, sino por toda la historia que fue capaz de escribir.
Quizá el tiempo nos vuelva a reunir.
Quizá no.
Pero ambas posibilidades descansan en las manos de Dios, y no existe un lugar más seguro que ese.
Si un día volvemos a encontrarnos, quiero mirarte a los ojos con la tranquilidad de haber esperado sin dejar de creer. Y si nuestros caminos continúan separados, seguiré agradeciendo al cielo por el privilegio de haberte conocido, porque algunas personas llegan a nuestra vida para enseñarnos que el amor puede existir incluso cuando no puede quedarse.
He comprendido que el amor verdadero no necesita demostrar constantemente que existe. Como las estrellas, permanece incluso cuando las nubes lo ocultan. Como el océano, sigue siendo inmenso aunque desde la orilla parezca tranquilo. Como la fe, permanece viva aun cuando no puede verse.
El tiempo podrá cambiar los lugares, las circunstancias y hasta nuestras propias vidas. Pero jamás podrá borrar aquello que fue escrito con sinceridad en el corazón.
Si alguna vez vuelves a pensar en mí, no me recuerdes por la tristeza de una despedida. Recuérdame como alguien que te amó con todas sus fuerzas, que cometió errores como cualquier ser humano, pero que nunca dejó de pedirle a Dios que cuidara de ti.
Porque hay amores que nacen para durar una vida.
Y hay otros que nacen para durar una eternidad.
Solo Dios sabe cuál es el nuestro.
Hasta entonces, confiaré en Él.
Porque el amor verdadero no desaparece; aprende a esperar el momento correcto.
el poeta de la traición…
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Autor:
Daniii (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 10 de julio de 2026 a las 21:37
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 7

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