Hay pensamientos que nacen sin pedir permiso.
Llegan en silencio.
Se sientan en un rincón del alma.
Nos llenan de palabras que nunca decimos, de cartas que jamás escribimos, de abrazos que solo existen en la imaginación.
Y, con el tiempo,
muchos de esos pensamientos desaparecen...
como desaparecen también tantas personas que un día juramos recordar.
Porque la vida está hecha de encuentros.
De rostros que pasan.
De voces que se olvidan.
De nombres que el tiempo borra con una facilidad que asusta.
Hasta que un día...
aparece alguien.
Y todo cambia.
Los días dejan de ser días.
Las horas dejan de ser horas.
El tiempo deja de medirse con relojes y comienza a medirse con sonrisas, con abrazos, con la esperanza de volver a verla una vez más.
Entonces el corazón, que creíamos conocer, empieza a hacer preguntas para las que nadie escribió respuestas.
¿Por qué tú?
¿Por qué, entre millones de personas, tenía que ser precisamente tu mirada la que encontrara la mía?
¿Por qué tu risa tiene el extraño poder de callar todos mis miedos?
¿Por qué tu ausencia pesa tanto, si antes de conocerte no sabía que me faltabas?
¿Por qué una sola palabra tuya puede salvar mi día...
y un solo silencio puede romper mi noche?
Quizá porque el amor nunca quiso ser entendido.
Quizá nació para sentirse.
Para desafiar la lógica.
Para reírse de la razón.
Para hacer que dos desconocidos, separados por miles de caminos, coincidan en un mismo instante y, desde entonces, ya no vuelvan a ser los mismos.
Pero el amor también conoce las tormentas.
Y cuando llegan...
el orgullo habla más fuerte que el corazón.
Las palabras sobran.
Los silencios lastiman.
Las dudas crecen.
"¿Y si doy el primer paso?"
"¿Y si ya no me ama?"
"¿Y si está esperando que sea yo quien la busque?"
"¿Y si también está llorando en este mismo instante?"
Y mientras las preguntas se multiplican...
el miedo construye un muro entre dos personas que, en el fondo, solo quieren volver a abrazarse.
Porque basta un error para herir un corazón.
Pero basta el orgullo...
para herir dos.
Entonces entendí algo.
El amor nunca fue la historia de dos personas que jamás discutieron.
El amor siempre fue la historia de dos personas que aprendieron a encontrarse después de perderse.
De dos manos que, aun temblando, volvieron a buscarse.
De dos miradas que eligieron verse por encima del enojo.
De dos corazones que comprendieron que pedir perdón nunca hace pequeño a quien ama.
Lo hace eterno.
Porque el amor más hermoso no es el que nunca se rompe.
Es el que aprende a reconstruirse.
El que convierte las lágrimas en abrazos.
Las cicatrices en recuerdos.
Los errores en promesas.
Y cada "adiós"...
en una nueva forma de decir:
"Aquí sigo."
Porque al final, amar nunca fue encontrar a alguien perfecto.
Fue encontrar a alguien por quien valiera la pena volver.
Una y otra vez.
Todos los días.
En cada discusión.
En cada abrazo.
En cada silencio.
Y si algún día me preguntan qué es el amor...
No hablaré de finales felices.
Hablaré de esa persona que llegó sin pedir permiso...
y convirtió cada rincón de mi alma en el lugar donde, por primera vez, entendí que hay corazones que no nacen para latir solos, sino para encontrarse...
aunque el universo entero tenga que acomodar el tiempo y el espacio para hacer posible ese milagro.
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Autor:
admirador secreto (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 9 de julio de 2026 a las 23:52
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 8
- Usuarios favoritos de este poema: alicia perez hernandez, Antonio Pais, ElidethAbreu

Offline)
Comentarios1
Gracias por este milagro creado en tus letras .
Un fuerte abrazo.
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