¿Has contemplado la muerte de un copo de nieve,
cuando los primeros rayos del sol lo desintegran
bajo la indiferente vigilancia
de los gorriones cantantes?
Un brote nace en cautiverio.
Sus primeros pétalos perfumados se pudren
en el hedor de la depravación.
Florece solo para marchitarse,
suplicando un final
que nunca llega.
La inocencia,
una ilusión fugaz,
se descompone rápidamente,
como una manzana.
Su brillo se extiende como una trampa.
Su mordida, letal.
Mis recuerdos más suaves
los grabo en hojas de papiro,
para que en tus sueños
veas lo que fui
antes de que la locura
me encerrara en mi propia tumba mental.
Te fuiste,
y el tiempo se perdió.
Como Ícaro,
hacia mi ruina volé alto,
sin ecos de arrepentimiento,
solo fuego que no perdona,
envuelto en llamas de purificación.
Los ecos de un corazón,
atrapados en una flor de hielo,
flagelan tu alma
en la ignorancia de tu compasión.
Así muere tu ideal.
Así muero yo.
Mi creador.
Mi destrucción.
— A.A.F.
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Autor:
A.A.F (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 9 de julio de 2026 a las 19:23
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 6
- Usuarios favoritos de este poema: Poesía Herética, Antonio Pais, Lualpri
- En colecciones: T.

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