No nació aquí.
Vino del cielo.
Fue sembrada
en este plano denso.
Su brillo incomodaba
dondequiera que pisara.
Su luz despertaba
las sombras de la gente.
Para algunos
era un imán
que despertaba curiosidad.
Para otros,
un espejo
que reflejaba heridas,
procesos.
Algunos intentaron
apagar su llama.
Pero no se apagó.
Solo su luz se atenuó.
Y, a pesar de la energía densa,
su esencia permanecía intacta.
La estrella remaba
en un mar de oscuridad,
sin rumbo,
sin identidad.
Solo un pequeño recuerdo
era el que la guiaba.
Era el anhelo
de volver por fin a casa.
Solo cuando aprendió
a habitar su camino,
recordó
que nunca había dejado
de ser estrella;
siempre fue
semilla de luz.
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Autor:
Jozz (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 9 de julio de 2026 a las 02:07
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 5
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z., Antonio Pais

Offline)
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