Cada mañana es lo mismo. Lo siento en las venas, en el alma, en esa cavidad rugosa que llevo en el pecho. Lo siento demasiado.
La desolación de los monstruos nunca fueron solo palabras. Es tomar un cuchillo mohoso, asegurarme de tener alquitrán en los dedos y abrazar, con desesperación, pedazos de vidrio roto solo por el deseo de asesinar a mi propio espejo.
Cada tarde siento lo mismo. Ese estúpido naranja desangrándose sobre el cielo; la gente, con sus horripilantes sonrisas, arrastrándose entre saludos vacíos y afectos de alquiler. Mientras tanto, yo apenas agito los brazos para no perder la cordura. El viento helado se cuela por mis pantalones rotos y, por un instante, encuentro algo parecido a la paz. O quizá sea dolor. Para el alma, a estas alturas, son la misma cosa.
¿Qué es un hombre incapaz de odiar? Nada. Apenas otro idiota disfrazado con un poco de amor.
¿Amor? ¿Qué bastardo inventó esa palabra? ¿Dios? Él también castigó a quienes dijo amar.
La gente ya no ama. Se arroja pedazos de mentira a la cara y los llama promesas. Todos los que amé murieron. Peor aún: todos los que amé nunca existieron.
Y lo siento tanto.
Quizá solo sea envidia. Envidia de un abrazo. Envidia de una de esas horripilantes sonrisas que parecen salvar a cualquiera.
Porque nadie ama lo que está roto.
Los seres humanos son máquinas adictas a la dopamina, animales desesperados por sentirse necesarios, por dar amor para recibir amor de vuelta. Yo ya estoy demasiado curado para esa enfermedad.
Cada noche siento lo mismo. Siento que nunca hubo un abrazo destinado para aquel despojo de huesos al que le faltaban algunos dientes y, tal vez, también un poco de amor; ese muchacho que corría con la mirada limpia y regresaba a casa con los bolsillos llenos de odio y de poesía.
A veces creo que mi vida ya terminó y que solo me acompaña un estúpido perro que, por el simple hecho de quererme, resulta todavía más estúpido que yo.
Hay correspondencias que nunca llegan. Amores que jamás existieron. Personas que nunca aprendieron a amar o, al menos, a odiar un poco menos al mundo.
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Autor:
GL2R (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 8 de julio de 2026 a las 22:12
- Comentario del autor sobre el poema: No hay nada que decir. Atrévanse a vivir, no sean cobardes.
- Categoría: Carta
- Lecturas: 9
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Jaime Correa, alicia perez hernandez

Offline)
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