Yo Soy el Tiempo!
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Yo soy quien va sin tregua ni permiso
el huésped que no avisa sus partidas
el trazo que desgasta cada herida
la aguja que dibuja el precipicio.
Soy viento que no duerme en su remiso
caricia que envejece lo que anida
sentencia que desnuda a la medida
reloj sin manecillas ni artificio.
No tengo voz, mas todo me obedece
el mármol, el latido, la memoria
los nombres, los amores… cada ser.
No hay quien me gane, y nadie me merece
me temen, me disfrazan, soy la historia
y el oro que no puedes retener!
© 2026 ElidethAbreu
Todos los derechos reservados.
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Autor:
Ellie (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 7 de julio de 2026 a las 13:49
- Comentario del autor sobre el poema: Con el grandísimo Yo Soy, quise imaginar al tiempo hablando con voz propia: sereno, inevitable y antiguo. No para inspirar temor, sino para recordar que todo lo que pasa adquiere su verdadero valor precisamente porque no permanece. Con un sentido un tanto egocéntrico, me creo tiempo y les presento estas letras a su consideración. Quien pudiera ser el tiempo!
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 11
- Usuarios favoritos de este poema: Poesía Herética, Noa Subin, Freddy Kalvo, Antonio_cuello, Mª Pilar Luna Calvo, racsonando, Salva45, Javier Julián Enríquez
- En colecciones: Reflexión.

Offline)
Comentarios3
Tu poesía es el puente etéreo entre lo que se ve y lo que se siente; como el alba que disuelve la noche, tus versos transforman la realidad. ¡Un saludo a tu alquimia literaria!
Muchas gracias querido Noa.
Apreciado comentario compañero.
Un fuerte abrazo.
¡ElidethAbreu! El aprecio es mutuo.
Un comentario apreciado es un pequeño tesoro que enriquece el alma.
Recibe mi fuerte abrazo de vuelta.
Potente cierre en tu bonito soneto mi estimada amiga ElidethAbreu:
No hay quien me gane, y nadie me merece
me temen, me disfrazan, soy la historia
y el oro que no puedes retener!
Un abrazo fraterno.
Muchas gracias, estimada amiga Elideth, por este bello y reflexivo soneto, en el que se aprecia cómo el tiempo, una entidad incesante e inexorable, se manifiesta como el huésped impetuoso que irrumpe sin previo aviso ni autorización y cuya partida tampoco anuncia. Su esencia, pues, reside en un viento perpetuo que ignora la complacencia, una caricia que, con el transcurrir de los años, confiere madurez a todo aquello que cobija, y un dictamen que desnuda la realidad con precisión medida. Por ende, a pesar de carecer de voz audible, toda manifestación de la existencia, desde la rigidez del mármol hasta la fugacidad del latido, pasando por la persistencia de la memoria, los nombres que definen la identidad, los vínculos afectivos y, en suma, cada ser, se somete a su dominio absoluto. Ninguna entidad puede competir con su avance y aunque se le tema y se disfrace, el tiempo es, en última instancia, el hilo que urde la trama de la historia y el oro irrecuperable que escapa a toda posesión.
Recibe un cordial saludo y fuerte abrazo con mi más afectuoso aprecio
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