Táctica y Memoria

José Luis Barrientos León

 

Créeme, te lo pido con la mano en el pecho,

no es un simulacro ni una frase hecha de los diarios.

Cuando te diga que el amor me asombra,

es porque este abismo me desarma las defensas,

porque amar en estos tiempos de adioses obligatorios

es una hermosa y terrible vulnerabilidad.

 

Yo, que me creo tan firme con mis horarios y mis libros,

confieso que no tengo un paraguas contra tu ternura.

Que me derrumbo ante un "te quiero" furtivo

mi derrota más feliz, mi huelga de orgullo,

porque esa palabra tuya, dicha bajito,

me reconstruye el mapa y me devuelve las ganas.

 

Créeme, el exilio del cuerpo también es una patria.

Cuando me vaya y te nombre entre anhelos,

no habrá distancias capaces de borrar tus esquinas.

Estaré lejos, en la oficina o en otra frontera,

viajando en una nube de tus besos,

contando los minutos que nos faltan para el próximo abrazo.

 

No me gusta la solemnidad de los museos ni el mármol frío.

Por eso, cuando te incluya entre mis monumentos,

no pienses en estatuas grises ni en héroes olvidados.

Serás mi monumento de carne y hueso, mi caricia abierta,

el lugar exacto donde mi memoria decide,

por fin, quedarse a vivir para siempre.

 

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