El tiempo, ese artesano perfecto,
te ofrece sin pedir nada a cambio,
no arrebata, no hurta, solo sana.
Es el alquimista que transforma heridas en cicatrices de sabiduría,
y en su fluir constante, te regala el don del conocimiento.
Aunque su marcha es inexorable,
mi alma sigue perdida en su misterio.
El destino me conduce por senderos repetidos,
esos caminos que parecen escritos en estrellas,
pero que mi espíritu aún no logra descifrar.
No comprendo el lenguaje oculto del tiempo,
ni el susurro del destino,
los retorcidos laberintos del sentimiento,
ni la danza esquiva de los pensamientos.
Aquellos a quienes entregamos el corazón,
son también aquellos a quienes debemos proteger con celo,
personas que caminan a nuestro lado,
pero que no siempre sostienen nuestro peso en las sombras.
¿Qué tan profunda es la soledad del ser?
¿Acaso podemos confiar plenamente en alguien?
Al meditar en esta verdad,
descubro que el enemigo más temible
no es el rostro amigo en quien confiamos,
sino aquella voz interna que nos acecha,
que murmura en nuestra soledad,
que reacciona con instintos primarios,
manipulándonos sin que logremos ver sus cadenas.
El adversario más auténtico habita en el silencio de la mente,
donde el cerebro, soberano invisible,
orquesta batallas que sólo tú puedes librar.
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Autor:
xilften... (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 7 de julio de 2026 a las 01:28
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 5
- Usuarios favoritos de este poema: ElidethAbreu
- En colecciones: Poesía de xilften..

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