Dos Arcas en el Pecho

Antonio Portillo



Dos Arcas en el Pecho

No fue el barro el que nos dio la forma,
sino el pacto invisible entre dos filos.

Vino primero el agua,
la paciencia del lecho que nos hizo cóncavos,
ese fluir oscuro por las venas
que insiste en recordar que fuimos mar
antes de ser memoria.
El agua nos dio el pulso,
la geometría blanda de los ojos,
el llanto como el primer lenguaje del despojo.

Y luego, la herida del fuego.
No la llama que devora la madera,
sino el rayo atrapado en la corteza,
el calor que obligó a las manos a juntarse
y a la boca a fundir el primer grito en una sílaba.
El fuego nos dio la vigilia,
el miedo al horizonte cuando cae ceniza sin fuego,
y a los dedos la costumbre de la antorcha.

Somos el arca donde ambos se repliegan.
El agua que enfría la ceniza del deseo,
el fuego que evapora la humedad del olvido.

En el centro exacto de este pecho que respira,
un río de ceniza dibuja nuestro cauce:
el agua nos permite permanecer bajo la tierra,
el fuego,
ardernos en la luz.

 

Antonio Portillo Spínola ©️ 



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