El peso de la ausencia

Nenebu

El contorno se borra de los ojos.
El nombre ya no enciende los pasillos de la mente.
Aquel «te amo» que antes sostenía el mundo
es ahora un ruido seco,
un hilo que se rompe.

Ella descubre que él ya no hace falta,
no como el aire que llenaba el pecho.
El centro absoluto de los días
es apenas una mancha en la piel,
un rastro ciego.

Queda un amor gastado, sin apoyos,
un eco sordo, madera a la deriva.
La costumbre obstinada que se esfuerza
por encontrar refugio en lo que olvida.

Hay una duda que golpea los cristales,
terca, con alas de pájaro herido:
si vale la pena sostener el peso
cuando el tiempo disuelve lo que fue sagrado.

Se instala el frío en las habitaciones.
Llega la certeza de un adiós que no da tregua.
El desapego, como un astro lento,
va apagando la edad de lo que amaron.



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