La llamaremos Kristal por la belleza que refleja y por su tierno pensamiento; frágil y delicada para romperse en mil pedazos sin trazar.
Vive en una torre ,así le diremos a su morada; hay que subir cuatro pisos para verla en un portal.
Llega la mañana: un sartén y dos huevos, un verde encrespado bañado de quesos y maíces tostados serán su arsenal; camina tres cuadras para llegar a la parada; una unidad central la dejará en la parada de un colegio, donde llueven niñas, colores, risas y destellos; le queda admirar y recordar que así, un día, ella también vivió días de revuelo.
Camina segura y cansada, pues nada la podrá detener. La espera un reloj que será testigo y marcará la puntualidad de su llegada , para ser la primera que haga el café;toma un pocillo blanco de una vajilla muy fina, dos cucharadas de un café zureño y a batir sin descansar hasta alcanzar la espuma del océano, Luego, un chorro caliente y listo: el café del gerente, que está a punto de llegar, un vaso y una servilleta al lado de su pad, junto a una pluma plateada con el logo de aquel lugar, llega el hombre de corbata, con zapatos negros y cinturón de cuero; un anillo dorado con la inicial de su papá , un portafolio fino que no se confunde con el destino de todos los que trabajan en el molino.
—Una sonrisa de agradecimiento. —Kristal, qué rico café me has preparado, te lo agradezco, estaré ocupado firmando papeles y proyectos; regresa a su oficina y, aunque les parezca rima, tiene los fólderes apilados.
Ha trabajado desde enero a junio conciliando asientos y fortunas en los libros y la memoria. ¿Qué será de ella? Un dolor asoma en el cuello y la columna, pues parece una tribuna transcribir tantas sumas y cuadrar tantas cuentas; Pero es el festín de la oficina: plumas, lápices y calculadoras.
Ha llegado la quincena y una chequera la espera; hay que pagar una nómina de cincuenta, imprimir los cheques antes de que el gerente parta y la linchen las malas lenguas.
El día ha terminado y Kristal cierra su oficina, marca su tarjeta y empieza a contar, un transporte vendrá a abordarla para dejarla en la escuela de negocios. Está terminando su carrera y el cansancio tiene que esperar; ahora la reciben las aulas de estadística para contar, economía para dibujar la recta y derecho para legislar.
Llega la hora nocturna, diez de la noche sin exagerar, a esperar el carro que la lleve, si es que alcanza un asiento atrás; regresa a casa luego de esas tres cuadras que siempre toca contar; sube las escaleras ya sin fuerzas, solo sueña con la ducha caliente y con dar de comer a sus cuatro valientes integrantes del hogar, la esperan entusiasmados para cantar. Ellos cantan y la animan; ellos ríen y le afirman que hay que continuar.
Una cama es el premio: sentir el hilo y el algodón, un perfume de limpieza y a dormir con ligereza para volver a empezar y colorín colorado así ha terminado el día cotidiano de Kristal.
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Autor:
Karencita (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 4 de julio de 2026 a las 03:41
- Comentario del autor sobre el poema: A todos los que viven un día cotidiano. De mi colección de relatos y libros de memorias 2026. Un abrazo esperando sea de su agrado ,espero sus comentarios.
- Categoría: Cuento
- Lecturas: 8
- Usuarios favoritos de este poema: El desalmado, Carlosg, Mirian del Pozo, Lualpri

Offline)
Comentarios1
Que día, me desperté !!!
Un abrazo.
Buena noche, felices sueños.....
A ti que mil estrellas te arrullen.
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