Lluvia

Vasca

La lluvia llega sin apuro.
 
No entra al pueblo: vuelve.
 
Reconoce el techo de chapa que desafina,
la vereda donde el yuyo siempre gana una baldosa,
el perro que duerme debajo del camión
como si hubiera aprendido a confiar en los truenos.
 
En la panadería
el vidrio se empaña de nombres que nadie escribe.
Adentro, el pan sigue creciendo
mientras afuera las calles olvidan el polvo.
 
Una bicicleta queda sola junto al cordón.
No parece abandonada.
 
Es apenas alguien que corrió
antes de que el cielo cerrara la tranquera.
Los árboles sacuden un olor antiguo,
mezcla de barro,
de leña húmeda,
de infancia.
 
Entonces el pueblo habla más despacio.
Las persianas bajan sin hacer ruido,
la radio se escucha desde una cocina,
una pava silba,
alguien mira por la ventana
aunque no espera a nadie.
 
La lluvia tiene esa costumbre:
hace que las casas parezcan más cerca,
que el silencio encuentre dónde sentarse,
que el tiempo deje de apurarnos.
 
Y cuando escampa,
el sol no vence a la tormenta.
Solo descubre,
sobre cada charco,
un pedazo de cielo
que decidió quedarse un rato más.
Comentarios +

Comentarios1

  • Lualpri

    Buen relato querida Vasca.
    Gracias por compartirlo.
    Saludos.



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