FRUTOS DEL TRABAJO

José Bayón Garcinuño

Trabajo en las estaciones vaciadas

de autobuses y trenes,

en los puertos olvidados

por aviones y barcos.

 

De sus suelos, escombrados y mugrientos,

rescato las lágrimas orinadas por los gatos,

las despedidas con cagadas de pájaros, 

los besos tirados al aire

picoteados y roídos por palomas y ratas,

descartados por indigestos,

intragables y venenosos.

 

Una vez en casa,

vacío el saco en la artesa.

Amaso, acaricio, esponjo.

El material se confunde,

se atomiza, se dispersa, 

se funde y se condensa.

Se alean despedidas con lágrimas y besos.

 

A fuego lento, cuece el barro primigenio,

se encadenan las moléculas,

aparece la materia madre.

 

Cuando se enfría

se lamina, se pliega,

se trenza con palabras.

A martillazos se metaliza,

se da fuerza a lo bueno

(cuchillo que corta el pan que se comparte)

y se intenta alejar lo malo

(la misma hoja cuando mata).

 

El fruto de mi trabajo

no vale para comprar nada,

ni para miserable regalo,

sólo es sudor de pisaverde

con sueños de alquimista.

 

Al final termina en montoncitos,

bajo las papeleras,

a la diestra del contenedor,

a la entrada del estercolero,

a la salida de la puerta ciega

del cementerio.

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