Trabajo en las estaciones vaciadas
de autobuses y trenes,
en los puertos olvidados
por aviones y barcos.
De sus suelos, escombrados y mugrientos,
rescato las lágrimas orinadas por los gatos,
las despedidas con cagadas de pájaros,
los besos tirados al aire
picoteados y roídos por palomas y ratas,
descartados por indigestos,
intragables y venenosos.
Una vez en casa,
vacío el saco en la artesa.
Amaso, acaricio, esponjo.
El material se confunde,
se atomiza, se dispersa,
se funde y se condensa.
Se alean despedidas con lágrimas y besos.
A fuego lento, cuece el barro primigenio,
se encadenan las moléculas,
aparece la materia madre.
Cuando se enfría
se lamina, se pliega,
se trenza con palabras.
A martillazos se metaliza,
se da fuerza a lo bueno
(cuchillo que corta el pan que se comparte)
y se intenta alejar lo malo
(la misma hoja cuando mata).
El fruto de mi trabajo
no vale para comprar nada,
ni para miserable regalo,
sólo es sudor de pisaverde
con sueños de alquimista.
Al final termina en montoncitos,
bajo las papeleras,
a la diestra del contenedor,
a la entrada del estercolero,
a la salida de la puerta ciega
del cementerio.
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Autor:
Jobaga (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 2 de julio de 2026 a las 08:29
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 6
- Usuarios favoritos de este poema: Sheilo Sanz, Osler Detourniel
- En colecciones: Agua de tormentas.

Offline)
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