Entre tinieblas y mareas: donde habita la luz
Soy la marea que regresa a la luz.
Soy mujer del mar y del viento.
Escucho el viento del norte y mi corazón,
siento que ambos se conocen desde siempre,
como si hablaran un lenguaje antiguo
que solo entienden las olas y los silencios.
Yo me encuentro entre las algas,
bañada de sus caricias y sensualidad,
dejando que el agua me nombre,
dejando que la marea me recuerde quién soy.
Soy mujer que adora el viento
y mueve las aguas tranquilas
hasta la luz del cielo.
Hay algo en mí que siempre busca esa claridad,
aunque muchas veces camine
entre tinieblas sensibles,
de luz y de cristal lloroso.
Hay días en que la niebla lo cubre todo.
Días en que el alma parece navegar
sin distinguir la costa.
Días en que la tristeza pesa
como una marea demasiado grande.
Y entonces,
solo la mano de Dios sobre las olas.
Solo la mano de Dios me acuna
en el mar vaporoso y sublime.
Solo la mano de Dios,
cuando las fuerzas se vuelven pequeñas,
cuando el pensamiento se pierde,
cuando el corazón necesita descanso.
Y vuelvo a caer en las aguas
de claridad espesa,
en la neblina,
como quien regresa, una y otra vez,
a un lugar que todavía está aprendiendo a comprender.
La fe de las mareas me acompaña.
Porque las mareas saben regresar.
Porque las mareas conocen la oscuridad
y, aun así, buscan la luz.
Porque las mareas caen,
se retiran,
desaparecen de la orilla
y vuelven otra vez.
Llevo en el mar el corazón
cubierto por flores marinas.
Flores nacidas de los recuerdos,
de los amores,
de las pérdidas,
de todo aquello que el tiempo no logró arrancar.
Y siento que soy la mujer que adora las olas,
las mismas que en la vida me perforaron
con esa cresta perfecta.
¡Qué miedo dio surcarla!
¡Qué miedo dio mirar de frente
aquello que parecía más grande que yo!
Pero las olas también enseñan.
Las heridas también enseñan.
Y el mar guarda una sabiduría
que solo comprenden quienes han llorado
mirando el horizonte.
Cuando estoy cerca de él,
la sensibilidad aflora
en corales de tierra,
de duro coral.
Y es extraño.
Porque aquello que parece duro
también guarda delicadeza.
Aquello que parece fuerte
también conoce la fragilidad.
Corazón de mar abierto.
Eso soy.
Un corazón abierto al viento,
abierto a la memoria,
abierto a la tristeza,
abierto a la alegría,
abierto a la fe.
Cuando la marea vuelve,
también vuelvo yo.
Vuelvo a la mujer del mar y del viento.
Vuelvo al lugar donde habita la luz.
Vuelvo a escuchar el viento del norte y mi corazón.
Vuelvo a sentir la mano de Dios sobre las olas.
Vuelvo a las algas,
a las flores marinas,
a los corales de tierra,
a las aguas de claridad espesa.
Vuelvo a mí.
Y comprendo que mi vida
ha sido siempre este viaje:
entre tinieblas y mareas,
entre la niebla y la claridad,
entre la herida y la belleza,
entre el miedo y el amor.
Y así,
el mar me sostiene,
aguardando que me vuelva a encontrar con él
otra mañana, al despertar.
@Dama de las Algas
España 2 de julio del 2026
-
Autor:
Dama de las Algas (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 2 de julio de 2026 a las 04:21
- Comentario del autor sobre el poema: Este poema nace de mi diálogo con el mar, con la fe y con la memoria. En él, las olas son el reflejo de mis emociones, la luz representa la esperanza y el viento me recuerda que, aun en medio de las tinieblas, siempre existe un camino de regreso hacia mí misma.
- Categoría: Amor
- Lecturas: 5
- Usuarios favoritos de este poema: alicia perez hernandez, Lualpri

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.