Distancia

ronald tadeo ramirez elizalde

Maldita la distancia que pretende medir lo que el alma jamás ha sabido contar. Ella habla en kilómetros; nosotros hablamos en esperanza. Ella levanta fronteras; nuestro amor aprende a convertirlas en puentes.

 

Nos separan tierras, cielos y horizontes, pero jamás ha podido separarnos aquello que verdaderamente importa. Porque antes de que tus ojos encontraran los míos, nuestras almas ya se buscaban en el silencio de Dios.

 

Nada de esto fue casualidad.

 

Si hoy tú sabes que existo y yo sé que existes, es porque el destino escribió nuestros nombres en la misma página mucho antes de que el tiempo nos permitiera leerla. Éramos dos caminos lejanos destinados a convertirse en uno solo.

 

Desde entonces llevo tu ausencia como quien lleva una estrella escondida en el pecho: duele porque está lejos, pero también ilumina cada paso que doy.

 

Hay noches en las que cierro los ojos y puedo sentirte tan cerca que el viento parece traer el perfume de tu piel. Imagino tu respiración mezclándose con la mía, tu sonrisa deshaciendo todos los inviernos que la vida dejó en mi corazón, y tus ojos... esos ojos donde quisiera perderme para no volver jamás.

 

Sueño con el instante en que pueda tomar tus manos y acercarlas a mi pecho para que sientas este corazón que pronuncia tu nombre con cada latido. Un corazón que ya no me pertenece, porque hace mucho decidió vivir dentro de ti.

 

Y sé que ese día llegará.

 

Llegará cuando Dios decida que ha terminado nuestra espera y que es hora de recompensar tanta paciencia, tanta fe y tantas lágrimas silenciosas. Entonces la distancia caerá de rodillas ante el amor que nunca pudo vencer.

 

Construiremos un hogar donde cada amanecer sea un himno de gratitud. Un rincón del mundo donde nuestras risas sean la música, nuestros abrazos el refugio y nuestras miradas el idioma que sólo los enamorados comprenden.

 

Lo nuestro nunca fueron simples mensajes.

 

Cada palabra fue una semilla sembrada en el jardín del futuro. Cada "te extraño" fue una promesa. Cada "te espero" fue una oración. Cada "te amo" fue un pacto que el cielo escuchó.

 

Espérame, amor mío.

 

Aunque el calendario parezca lento y las noches parezcan eternas, cada segundo me acerca a ti. Caminaré todos los caminos, cruzaré todas las fronteras y venceré todos los obstáculos hasta llegar donde estás.

 

Y cuando por fin pueda mirarte de cerca, comprenderé que toda la espera tuvo un sentido.

 

Porque existen amores que nacen de un encuentro...

 

Y existen otros, mucho más grandes, que nacen de una promesa hecha por Dios antes de que el mundo existiera.

 

El nuestro pertenece a la eternidad.

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