La rutina del viento era una línea recta,
por la ley de compensación
de la naturaleza.
Los árboles dispersos, la luz ambivalente,
la sombra discontinua y también desparramada,
como en flor, escondía barniz entre las hojas,
y del todo a la nada, pasando por neblinas,
su travesía quieta, se movió entre mis dedos.
Desnuda y decorosa,
escupida mañana que encallaba,
porque después del alba todo era rocío,
con su lágrima inmersa entre humedades.
Descendió como un ave, limpio de fantasías,
y su aura reseca era un labio de incienso,
porque apagar las velas fue un signo de esperanza,
fue que no decayó el humo de la vida
(Y seguimos mintiéndonos por ello)...
Que el fuego se abrasó con su ceniza.
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Autor:
Alma Segura (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 1 de julio de 2026 a las 12:09
- Comentario del autor sobre el poema: Nada engaña al ser humano mejor que su juicio sobre lo que expresan perfectamente las percepciones sensitivas. Al ser humano (racional) le destruye por completo la razón.
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 10
- Usuarios favoritos de este poema: Daniel Omar Cignacco, racsonando, Clan, Santiago Alboherna, Mauro Enrique Lopez Z.

Offline)
Comentarios1
Buen poema
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