Apología del Tercer Hombre

Juan Vallejo

que trata del Don Juan mono trifronte que, eudaimónico, contemplóse en volando. 

 

Encontré media cabeza
de don Juan cayéndome por 
otro cielo. 

 

Espichada estaba y, tuerto
el ojo azul, me miraba
los adentros. 

 

Bramaba ilusiones secas
mas una angustia secular
lo acallaba. 

 

Y reía risa ajena
y lloraba llanto propio...
¡Esperpento!

 

La otra mitad de la testa
cual apolo fulminaba 
mis hojuelas.

 

De albos rubios bailarines
renacientes nuevas crines
me ojeaba. 

 

Y en volando yo no supe
si pretérito o futuro
me tanteaba,

 

porque el canto de los cielos
tanto arvejas y pinceles
adornada. 

 

Y embebía poros pulcros
y bailaba con tres sésamos 
de delfines, 

 

todos juntos e indecisos, 
septentrionales mestizos 
de confines,

 

de tierras nuevas e ignotas, 
de futuro ya no rotas
e ignominias 

 

ya no muertas ni tranquilas, 
si no del sino argentino
ya preñadas

 

y paridas de antesalas, 
eudaimónicos solares
ensordentes 

 

de cascadas abisales
de jazmín en matorrales 
y de abejas

 

artesanas no agotadas
de llorar en los anales 
de la historia. 

 

Y cual hoja se estiraba
esa testa endemoniada 
del averno. 

 

Retorció el sentido todo
del antídoto y del método
a las claras,

 

acalladas las metáforas
y apagadas las anáforas 
claro veo

 

de la muerte rebrotando
siglos después del ocaso,
claro veo, 

 

que el dolor otrora eterno
por el que mengüé acostado
en mi claustro

 

fue ambrosía de los tiempos, 
todo un bálsamo agónico,
casi eterno. 

 

Y es que hoy miro y ya no miro
mundo aquel tan desperfecto, 
tan hiriente. 

 

Me ha matado y se ha muerto
a sí mismo en su desgajo en
mal aliento. 

 

Hoy dos muertos se contemplan, 
y hay dos vivos que se enfrentan
al pasado 

 

propio y al futuro incierto
de otra historia en sus adentros
y misterios...

 

mil misterios...

 

en mis adentros...

 

 



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.