CUANDO LA NOCHE se adueña

Juan Iscar

CUANDO LA NOCHE se adueña del tiempo
y le ralentiza hasta manifestarse
en el cuerpo y en el repliegue de la vida,
cuando el reposo reclama el olvido,
cuando el silencio envuelve la historia,
y el vigor se debilita hasta callar,
la penumbra deja al profundo pozo
del inconsciente emerger en el flujo
vital de la palabra de nuestro Dios.
La oración florece en la noche quieta.
Las palabras envuelven la razón
e iluminan su oculto significado
porque la oscuridad expone el alma
al misterioso desfile de la memoria
y al murmullo interno de la verdad.
En la noche el cuerpo se prepara
para el descanso. El instante habla
como lo hace el viento en los trigales,
como rasga el silencio el ulular
del autillo en la calma seductora.
Si el sueño, a la vela, gana la batalla,
perdida la razón, pero no su orden
inconsciente y oculto, se sumergirá
en las profundas y atávicas aguas
del viaje insondable al vocabulario
genético del cuerpo y del espíritu.
El Espíritu se expresa en la paz,
como flujo que a la nube desplaza,
silenciado temblor, sutil reserva
de la mente que la luz del faro anhela.
Es el Señor que llama y nos invoca:
“Venid a Mí todos los que estáis cansados
y agobiados que Yo os aliviaré”.
En Tí espero y confío. Me abandono
en tu Espíritu y la dulce esperanza.
“¡Oh Dios!. ¡Tú eres mi Dios!.A tí acudo.
Mi alma está sedienta de Tí, Dios mío.”
El ritmo del salmo sosiega el soplo
que declama el discurso de la salmodia.
Habla a Dios con la fuerza de la fe,
de la tradición que estableció el Señor,
de los coros ancestrales que resuenan
en las piedras porosas de la creencia.
La palabra alerta y gana al espíritu
hasta sorprender al alma devota
que vibra en armonía en las estancias
secretas en donde la emoción nace.
“Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu compasión, borra mi culpa”.
El divino pan destruye lo oscuro,
alumbra, desde dentro, las tinieblas,
infunde compasión, siembra confianza
y ofrece humildad y misericordia.
Luz que vivifica e ilumina sombras
que a las fuentes de dolor dan sentido.
Redonda y pura es la Verdad sin límites
confinada en la custodia del cosmos,
fuente de todo bien y misericordia.
Un ojo para la esencia de lo humano
que mira, y hace ver, la raíz de la herida,
y descubre la mismidad del ser.
“Me mira y yo le miro” dice el que ora.
Él me conoce mejor que yo a mi mismo.
Él, que hasta en los sueños me instruye.
Él, que es Dios y Señor del Universo
me recibe siempre que lo dispongo
y atiende el tedioso e insistente discurso.
“Desde lo hondo te grito a Tí Señor.
Escucha mi voz. Estén tus oídos
atentos a la voz de mi súplica”.
Adoro a Dios en la noche y en la vida
me muestra su Amor y misericordia.
Espejo de la Verdad, Dios de la Vida,
y del Amor, a quien todo debo
yo que no soy nadie
y nada soy.

  • Autor: Juan Iscar (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 30 de junio de 2026 a las 11:03
  • Comentario del autor sobre el poema: Orar en la noche, cuando el cuerpo tiende al descanso, la ciudad duerme, el silencio y la oscuridad se adueñan del espacio y el tiempo se ralentiza.
  • Categoría: Religioso
  • Lecturas: 4
  • Usuarios favoritos de este poema: cblanco53
  • En colecciones: Atardecer.


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