A veces no sé que escribir.
"No se puede echar dos veces la misma carta en un buzón. El ocio no existe. Solo hay esta cuestión: tener o no tener deseos de vivir... y de morir. Una vez comprendido esto, o se quiere más vida o se desea la muerte." –Alejandra Pizarnik
Creo que el principio del fin se acerca; no he dejado de pensarlo.
Me he mirado al espejo, he visto nada.
Me duele el pecho, es demasiado.
¿Seré capaz de hacerlo? La verdad es que me da miedo, no el acto, más bien el resultado; no he dejado de sobrepensarlo.
¿Qué pasa si fallo? Otro fallo: los acumulo cual trofeos. ¿Se enojarán conmigo? ¿Me extrañarán? Realmente no quiero saberlo.
Ojalá lograrlo; tengo el plan perfecto.
Odio mi trabajo, aunque realmente no tiene casi nada de malo; simplemente no es lo que quiero.
¿Qué es lo que quiero? ¿Cómo voy a saberlo?
Todas las decisiones que me han llevado a este momento, a este día, a este instante… Todas y cada una, me arrepiento.
Debí amar más, debí querer más, debí vivir más.
Debí llorar más, debí enojarme más, debí gritar más.
Tuve que ser más honesta conmigo y con todos; quizá hubiese sido diferente o quizá no.
Todas las veces que fui sincera, ¿realmente alguien me escuchó? No creo haberme escuchado ni yo misma.
Lamento todo el daño que he causado a las personas que amo, pero creo que también soy humana, por muy fuera de lugar que me sienta.
Ni siquiera recuerdo la primera vez que me sentí así: fuera de lugar. Era muy pequeña o lo suficiente; solo sé que no debí haber estado pensando todas esas cosas que hasta el día de hoy me persiguen; realmente creí que cambiaría, pero lo único que cambió fueron los años.
Recuerdo que me preguntaron una vez: “¿Qué es lo que quieres?” (Por alguna razón me acaba de surgir la duda de si estará leyendo esto la persona que lo preguntó). El punto es que, honestamente, no recuerdo qué respondí; sé que me lo preguntó varias veces, así que imagino que cada respuesta fue distinta, lo que no está mal; mi yo de ese momento seguramente respondió todas las veces con toda la honestidad posible. Ahora bien, si me preguntasen en este momento, podría decir que lo que quiero no es posible, porque la única forma de conseguirlo es renaciendo.
No quiero ser yo.
Entiendo que, para muchos, el hecho de que me disculpe no tiene ningún significado; culpa mía, nunca hubo un día que no pidiera perdón o dijera “lo siento” y es gracioso, hay quienes entendían que lo decía solo porque sí, que para mí era una palabra más en mi día a día y no tenía algún peso, pero lo cierto era que cada perdón y cada disculpa, por muy insignificante que sea lo que haya hecho o dicho, lo decía con pena, con un nudo en el pecho, con la sensación de querer desaparecer en ese mismo momento y no volver a hacer ni decir nada nunca más en la vida que pudiera molestar, hacer sentir mal, incomodar, enojar, provocar el llanto; lo decía queriendo evaporarme, deshacerme, morir. Realmente me sentía una molestia, un lastre, un desperdicio, una decepción, una mala persona.
A lo largo de mi corta vida me han dicho de muchas formas, pero hay algo que nunca olvidaré; bueno, hay tres cosas que creo nunca olvidaré:
La primera: Que soy una persona egoísta y narcisista; lo dijo mi papá (padrastro), no recuerdo a qué vino el comentario, tenía 18 años.
La segunda: Que, en efecto, soy mala. Una mala persona; lo dijo mi papi, en más de una ocasión.
La tercera: Que en realidad no quiero morir; lo dijo alguien a quien considero uno de mis mejores amigos, aunque al momento de escribir esto ya no hablamos, y no creo que me considere de la misma manera ya.
Y con esto solo quiero decir que tenían razón.
–Limoneyes
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Autor:
Limoneyes (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 30 de junio de 2026 a las 02:18
- Categoría: Carta
- Lecturas: 5

Offline)
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