33

David Eduardo

Existe un poema de treinta y tres versos,

bueno, eso me han dicho…

lo han escuchado cantar entre los montes.

Lo han visto correr y esconderse

como liebre asustada, sin embargo,

nadie ha podido atraparlo, nadie ha podido

conocer sus secretos, nadie.

Ahora estoy en busca de ese poema

quizás tenga la fortuna de atraparlo;

me volvería una celebridad

si llego a tener los versos libres del poema.

Me indicaron que en esta pequeña madriguera

se esconde, me sentaré a esperar;

le aventaré uno que otro pedazo de sentimiento

para atraerlo, aunque supongo que la espera

será larga y muy tediosa.

Me lo describieron como un animal nocturno;

ajustaré mis trampas para animales nocturnos.

 

Han pasado más de cinco horas

y parece que el poema no ha llegado a su escondite:

mientras espero, he comido mi rabia,

mi soledad, mi tristeza, aquí es donde

debo ser paciente, no debo rendirme.

Si acaso logro capturar al poema

será el inicio de la poesía viva.

Atrapar y mostrar, dejar cautivo y soñar.

De pronto solo veo que se asoma

un rostro familiar; unos ojos apagados

una sonrisa fingida quizás sea el poema,

o quizás sea la noche disfrazada,

sin embargo, se oculta y ya no sale.

¿Qué haré ante esta situación?

Nunca entendí por qué el poema nunca salió.

  • Autor: David Pech (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 30 de junio de 2026 a las 00:07
  • Categoría: Reflexión
  • Lecturas: 4


Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.