Existe un poema de treinta y tres versos,
bueno, eso me han dicho…
lo han escuchado cantar entre los montes.
Lo han visto correr y esconderse
como liebre asustada, sin embargo,
nadie ha podido atraparlo, nadie ha podido
conocer sus secretos, nadie.
Ahora estoy en busca de ese poema
quizás tenga la fortuna de atraparlo;
me volvería una celebridad
si llego a tener los versos libres del poema.
Me indicaron que en esta pequeña madriguera
se esconde, me sentaré a esperar;
le aventaré uno que otro pedazo de sentimiento
para atraerlo, aunque supongo que la espera
será larga y muy tediosa.
Me lo describieron como un animal nocturno;
ajustaré mis trampas para animales nocturnos.
Han pasado más de cinco horas
y parece que el poema no ha llegado a su escondite:
mientras espero, he comido mi rabia,
mi soledad, mi tristeza, aquí es donde
debo ser paciente, no debo rendirme.
Si acaso logro capturar al poema
será el inicio de la poesía viva.
Atrapar y mostrar, dejar cautivo y soñar.
De pronto solo veo que se asoma
un rostro familiar; unos ojos apagados
una sonrisa fingida quizás sea el poema,
o quizás sea la noche disfrazada,
sin embargo, se oculta y ya no sale.
¿Qué haré ante esta situación?
Nunca entendí por qué el poema nunca salió.
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Autor:
David Pech (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 30 de junio de 2026 a las 00:07
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 4

Offline)
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