En la estancia sombría,

Salva Carrión

 

 

En la estancia sombría,

el silencio azabache se aposenta;

el ocaso se enfría,

una charla se ausenta

y el tiempo en la penumbra se fragmenta.

 

No hay son que el aire rompa,

ni paso que resuene en el vacío;

desnudo y sin más pompa

se agita el desvarío

y disfraza el pecho con manto frío.

 

Espejo del deseo,

agua fantasma de inquieta mirada,

en tu calma yo veo

mi mente harto cansada

por una paz de ruidos rodeada.

 

Se escucha latir fuerte

una pulsión que en sí mismo se encoge;

no temo ya a la muerte

ni hay salmo que me enoje,

ni la parca si sus hilos recoge. 

 

¡Oh, soledad bendita,

puerto donde descansa el pensamiento!

Tu halo, alondra infinita,

consagra el movimiento

y devuelve a mi ser su sentimiento.

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