Florecer en la memoria

Luis Barreda Morán

Florecer en la memoria

Si algún día me voy, no cierren las ventanas;
dejen abierta al viento la casa donde habité.
Que entre la luz del alba, descalza por los patios,
y encuentre todavía el eco de mi fe.

No deseo perderme en un silencio inmóvil,
ni convertirme apenas en un nombre olvidado.
Quisiera ser la lluvia que desciende en la tarde
para besar los surcos de un sembrador cansado.

Quisiera ser el río que nunca se detiene,
el agua que, en las piedras, aprende a cantar,
la corriente invisible que acaricia los juncos
y siempre encuentra un rumbo para volver al mar.

Si la tierra me llama con su antiguo lenguaje,
que me reciba, humilde, en su profundo altar;
que mi polvo se mezcle con raíces antiguas
y, en secreto, alimente los bosques al brotar.

Tal vez renazca entonces vestido de semillas
que el viento lleve libre sobre campos sin fin;
o en el humilde musgo que abraza las montañas,
o en la espiga dorada que madura en abril.

Quisiera ser la brisa que refresca los rostros,
el perfume escondido de un jardín al despertar,
la sombra generosa que acompaña al viajero
cuando el sol de la tarde comienza a declinar.

Si pudiera elegir el destino de mi ausencia,
preferiría volver convertido en canción;
que algún niño la silbe sin saber que, en sus notas,
todavía palpita mi viejo corazón.

Quisiera ser la llama que no destruye nada,
sino que ofrece abrigo en la noche invernal;
la chispa diminuta que, en los ojos humanos,
recuerda que la esperanza siempre puede brotar.

No temo al paso lento de los años ni al tiempo,
porque todo en la vida aprende a renacer.
Lo sabe la montaña que resiste los siglos;
lo sabe cada estrella cuando vuelve a encender.

He visto cómo el cielo se desnuda en otoño
para vestirse luego de un azul más sereno;
cómo, después del hielo, despiertan los caminos,
cubiertos de promesas y de verdor eterno.

Así quisiera un día entregar mi existencia:
sin ruido, sin cadenas, sin temor ni dolor;
dejando en cada abrazo una pequeña huella,
dejando en cada verso un puñado de amor.

Que nadie diga entonces que la muerte me vence,
si algo de mí permanece sembrado alrededor:
en la risa de un niño, en el vuelo de un ave,
en la paz de un anciano, en el aroma de una flor.

Porque vivir no acaba donde termina el cuerpo;
la vida se transforma con infinita voz.
Quien ha sembrado afectos nunca desaparece:
florece en la memoria, en la tierra y en Dios.

—Luis Barreda/LAB
Tujunga, California, EUA
Diciembre, 2022.

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  • Autor: Luis Barreda Morán (Offline Offline)
  • Publicado: 29 de junio de 2026 a las 00:42
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 5
  • Usuarios favoritos de este poema: AZULNOCHE
Comentarios +

Comentarios1

  • AZULNOCHE

    Con tus palabras llanas y sencillas consigues llegar, transmitir y sembrar pequeñas semillas de, amor, paz, alegría que quedan desperdigadas por los rincones de tu poesía con la esperanza de que puedan florecer.

    Un abrazo Luis!!



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