Cuando el cerebro no encuentra el por qué

Paris Joel

El viento cabalga manso por las ventanas
de pañuelos
Que ondean despedidas,
Trae la frescura de una noche impuntual,
Las calles están jalonadas de ecos infantiles,
Las nubes son globos aerostáticos perezosos,
Y los trinos anacrónicos remachan la urbe.
Me bebo un Adagio que sudan mis ojos exageradamente,
Y comienza a nevar...
Tres o cuatro motas de antigua felicidad,
se derriten en el asfalto de mis sienes,
Me repongo y pienso:
Solo es otra tarde de domingo,
Y el verano una máquina del tiempo.

Me despido de unos amigos que ya no tienen rostro,
Y no entiendo el verbo ser,
El verbo estar.

Comentarios +

Comentarios1

  • Ricardo Castillo.

    Siempre es un placer leerte, Paris. Abrazos y música.



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.