Desde la cristalera se divisa la ciudad,
luces mil, de noche, soledad sonora,
un buen güisqui entre las manos,
ensimismado, convaleciente de ti,
llámame cuando llegues a casa,
cuando estés en el sofá viendo
tu serie favorita, y que todo sea
algo que pasó. Nada.
Me apetece mirar a ninguna parte,
y que el ritmo pulsátil de las luces
me saque de tu ausencia,
y que lo que acabamos de vivir
se vaya cociendo lento,
—como el guiso de mi madre—
y que la huella de tus labios
en la boca siga vigente; y la siento,
la sentí esta mañana mientras dormías
a mi lado, y ahora también, es curioso.
¿Has llegado ya? Creo que estás fuera
del avión porque los mensajes que te envié
hace diez minutos han sido lanzados.
Dame señales, dime que estás bien,
que coges el metro que te lleva a casa,
que cruzas ese parque que está justo
al lado de la panadería a la que sueles.
¿Has llegado?
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Autor:
Albertín (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 28 de junio de 2026 a las 16:11
- Comentario del autor sobre el poema: El vacío que prosigue a un lleno.
- Categoría: Cuento
- Lecturas: 8
- Usuarios favoritos de este poema: Salvador Santoyo Sánchez

Offline)
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