Con lágrimas limpié anoche
el doble filo a tu daga,
cuando crecían las sombras
en el umbral de la casa.
Lo repasé muy despacio,
como antes tu trenza lacia,
como quien lava una herida
que se ha vuelto pura llaga.
Así, al instante del golpe,
estará más limpia el arma
de la mano que la empuña,
de la culpa que la encarna.
No serás quien mate.
Clavaré yo el pecho,
no tú, la daga.
Y si temblase tu mano,
y si el valor te faltara,
apagaré uno por uno
los candiles de la estancia,
para que ni el hierro vea
lo que callan las entrañas.
En plateados relámpagos
me dormirás la mirada,
marcando el compás filoso
de aquella, tu última nana.
Y por la sangre encendida
de tu nombre en mi garganta,
diré: «¡Tranquila, mi bien!»
Que ya la pena se acaba.
Que la hoja hallará su temple
aquí en mi pecho de fragua
clavel grana, punta roja
que se regará con lágrimas.
Mismas que anoche limpiaron
el doble filo a tu daga,
cuando crecían las sombras
bajo el umbral
de nuestra casa.
Claudio M. López ©
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Autor:
Claudio M. López (
Offline) - Publicado: 27 de junio de 2026 a las 17:09
- Categoría: Amor
- Lecturas: 10
- Usuarios favoritos de este poema: Osler Detourniel, alicia perez hernandez

Offline)
Comentarios2
Buenas rimas asonantes. Las que solo riman las vocales, las que tienen los romances y las coplas tradicionales, las que no se deben mezclar con consonantes. (¡Ay, las he mezclado, ay la madre!)
Expresiones bien trabajadas, estrofas que encantan.
Saludos
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