Las Cartas de Tus Besos (El Comején)

racsonando



¡El comején!

 

 ¡Qué extraño!

Lo extraño.

El comején

leyó con cuidado

mis libros, 

las cartas de tus besos...

empolvados de recuerdos.

Uno tras uno...

con esmero...

para no ser visto

o escuchado. 

En el día

como trabajador de aserradero.

atento,

pausado.

Tan seguro,

tan confiado...

 En las noches...

noctámbulo sediento

de nuestras palabras...

... y de tus alientos.

que ahora vagan con el viento

 

Lento, comején, lento...

tan pausado.

Tan callado.

Tan seguro.

Tan osado. 

¡Y yo...

buscando!

Buscando tu rostro

en las ventanas del cielo,

en el aire de mis dudas,

en las sombras de mis miedos,

en el estertor de mi vida...!

¡raciones de melancolía!

Ay, ay, ay, amor...
Aquí, en mi pecho,
todavía se leen
las cartas de tus besos.

 Racsonando Ando.

Racsonando Ando. 

 

Oscar Arley Noreña Ríos.

 

Ver métrica de este poema
  • Autor: Racsonando (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 26 de junio de 2026 a las 14:58
  • Comentario del autor sobre el poema: Hay ausencias que se instalan en el silencio, royendo el pasado tan lento y constante como el comején en la madera vieja." Son silencios, como el polvo sobre los libros o como el paciente trabajo de un comején que, hoja tras hoja, parece leer aquello que el tiempo dejó escrito. ¡El comején! es una metáfora de la memoria. En cada verso, un pequeño insecto deja de ser un simple devorador de papel para convertirse en un lector clandestino de cartas, besos y recuerdos. Mientras él avanza con la serenidad de quien cumple un oficio antiguo, el corazón del poeta emprende otra búsqueda: la de un rostro perdido entre el cielo, las dudas y los miedos. Poema y canción transitan entre la contemplación y la nostalgia, hasta desembocar en un lamento contenido donde las viejas cartas de amor permanecen vivas, no en los estantes, sino en el pecho de quien todavía es capaz de leerlas. Es un canto a aquello que el tiempo desgasta, pero no consigue borrar; a las huellas que sobreviven en la memoria cuando el papel ya empieza a desaparecer. Porque hay historias que el comején puede roer... pero jamás podrá terminar de leer el corazón. Oscar A. Noreña Colección: Improntas de tinta y trompeta ✍️🎺
  • Categoría: Amor
  • Lecturas: 12
  • Usuarios favoritos de este poema: racsonando, Mª Pilar Luna Calvo, Poesía Herética, Noa Subin, LOURDES TARRATS, Tommy Duque, Una voz
  • En colecciones: Improntas de Tinta y Trompeta.
Comentarios +

Comentarios2

  • Noa Subin

    Tu mirada poética es aguda y precisa,
    y tu corazón, inmensamente generoso al compartirlo.
    La métrica y el ritmo en tus manos no son cadenas,
    sino alas para tu sensibilidad.
    Cada poema es una obra de arte total:
    estructura perfecta y alma paciente.
    Saludos fraternos

  • LOURDES TARRATS

    Amigo Racsonando,

    En El comején no sólo se convoca la imagen de un insecto minucioso: se convoca una forma de tiempo. El poema convierte al comején en un lector involuntario del pasado, un archivista ciego que, al roer, revela. Su avance —lento, obstinado, casi ritual— funciona como una metáfora de la memoria cuando ya no es evocación sino desgaste: aquello que permanece no por voluntad, sino por insistencia.

    Lo notable es que el poema no se queda en la nostalgia; la trasciende. Mientras el comején “lee” lo que queda en el papel, el yo poético busca lo que ya no está en ninguna parte: un rostro suspendido entre cielo, duda y miedo. Esa tensión —entre lo que se deshace y lo que se persigue— es el verdadero corazón del texto. El insecto trabaja hacia atrás, hacia lo que fue; el poeta, hacia adelante, hacia lo que falta. Entre ambos se abre un espacio donde la ausencia se vuelve materia viva.

    El cierre, con esas “cartas de tus besos” que ya no están en los estantes sino en el pecho, desplaza el centro del poema: lo esencial no es lo que el comején devora, sino lo que no puede tocar. Allí el poema alcanza su mayor hondura: la memoria como territorio inviolable, incluso cuando el papel cede.

    En suma, El comején no es sólo una elegía al desgaste, sino una afirmación de lo que resiste: aquello que, aun roído, sigue ardiendo en la intimidad del que recuerda.

    Muy bien logrado este escrito. la musicalidad, excelente también.

    Desde mi isla, un abrazo bien merecido, porque:

    POETAS SOMOS...

    ps
    Aunque he estado ausente, he leído tus escritos, y poco a poco te comentare en ellos. Todos bien logrados. Gracias por ese regalo que siembre nos haces a todos.



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.