Las Cartas de Tus Besos (El Comején)
¡El comején!
¡Qué extraño!
Lo extraño.
El comején
leyó con cuidado
mis libros,
las cartas de tus besos...
empolvados de recuerdos.
Uno tras uno...
con esmero...
para no ser visto
o escuchado.
En el día
como trabajador de aserradero.
atento,
pausado.
Tan seguro,
tan confiado...
En las noches...
noctámbulo sediento
de nuestras palabras...
... y de tus alientos.
que ahora vagan con el viento
Lento, comején, lento...
tan pausado.
Tan callado.
Tan seguro.
Tan osado.
¡Y yo...
buscando!
Buscando tu rostro
en las ventanas del cielo,
en el aire de mis dudas,
en las sombras de mis miedos,
en el estertor de mi vida...!
¡raciones de melancolía!
Ay, ay, ay, amor...
Aquí, en mi pecho,
todavía se leen
las cartas de tus besos.
Racsonando Ando.
Racsonando Ando.
Oscar Arley Noreña Ríos.
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Autor:
Racsonando (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 26 de junio de 2026 a las 14:58
- Comentario del autor sobre el poema: Hay ausencias que se instalan en el silencio, royendo el pasado tan lento y constante como el comején en la madera vieja." En cada verso, un pequeño insecto deja de ser un simple devorador de papel para convertirse en un lector clandestino de cartas, besos y recuerdos. Porque hay historias que el comején puede roer... pero jamás podrá terminar de leer el corazón. Oscar A. Noreña Colección: Improntas de tinta y trompeta ✍️🎺
- Categoría: Amor
- Lecturas: 36
- Usuarios favoritos de este poema: racsonando, Mª Pilar Luna Calvo, Noa Subin, LOURDES TARRATS, Tommy Duque, Nelly Cevallos - Liora, Mauro Enrique Lopez Z., Osler Detourniel, Freddy Kalvo, Lualpri, Jaime Correa, WandaAngel, Anita del Perú., Sheilo Sanz, alicia perez hernandez, Llaneza, Salva45, Hernán J. Moreyra, leo albanell, Rafael Escobar, Maby De los Peña, Mael Lorens, Estefanny Noreña Giraldo, Hiram Figueroa, India De La Puente
- En colecciones: Improntas de Tinta y Trompeta.

Offline)
Comentarios3
Tu mirada poética es aguda y precisa,
y tu corazón, inmensamente generoso al compartirlo.
La métrica y el ritmo en tus manos no son cadenas,
sino alas para tu sensibilidad.
Cada poema es una obra de arte total:
estructura perfecta y alma paciente.
Saludos fraternos
Amigo Racsonando,
En El comején no sólo se convoca la imagen de un insecto minucioso: se convoca una forma de tiempo. El poema convierte al comején en un lector involuntario del pasado, un archivista ciego que, al roer, revela. Su avance —lento, obstinado, casi ritual— funciona como una metáfora de la memoria cuando ya no es evocación sino desgaste: aquello que permanece no por voluntad, sino por insistencia.
Lo notable es que el poema no se queda en la nostalgia; la trasciende. Mientras el comején “lee” lo que queda en el papel, el yo poético busca lo que ya no está en ninguna parte: un rostro suspendido entre cielo, duda y miedo. Esa tensión —entre lo que se deshace y lo que se persigue— es el verdadero corazón del texto. El insecto trabaja hacia atrás, hacia lo que fue; el poeta, hacia adelante, hacia lo que falta. Entre ambos se abre un espacio donde la ausencia se vuelve materia viva.
El cierre, con esas “cartas de tus besos” que ya no están en los estantes sino en el pecho, desplaza el centro del poema: lo esencial no es lo que el comején devora, sino lo que no puede tocar. Allí el poema alcanza su mayor hondura: la memoria como territorio inviolable, incluso cuando el papel cede.
En suma, El comején no es sólo una elegía al desgaste, sino una afirmación de lo que resiste: aquello que, aun roído, sigue ardiendo en la intimidad del que recuerda.
Muy bien logrado este escrito. la musicalidad, excelente también.
Desde mi isla, un abrazo bien merecido, porque:
POETAS SOMOS...
ps
Aunque he estado ausente, he leído tus escritos, y poco a poco te comentare en ellos. Todos bien logrados. Gracias por ese regalo que siembre nos haces a todos.
Oscar,
Qué hermosa manera de convertir al comején en cómplice de la memoria. Mientras avanza el poema, uno casi olvida que habla de un insecto y termina viéndolo como ese tiempo silencioso que desgasta el papel, pero nunca consigue borrar lo verdaderamente vivido.
El final me dejó una sonrisa y, al mismo tiempo, un nudo en el pecho. Porque, aunque las cartas desaparezcan, hay besos que encuentran un lugar donde ningún comején puede alcanzarlos.
Gracias por compartir una lectura tan entrañable.
LIORA
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