26/06/2026

La Chica de los Versos

Nunca hubo un "quédate"
que naciera del miedo de perderme.
Nunca unos brazos aferrándose a mi ausencia
antes de que se convirtiera en recuerdo.

Y yo sí.

Yo me quedé cuando todo se rompía,
recogí pedazos que no eran míos,
cosí heridas ajenas con mis propias manos
hasta olvidar dónde terminaban ellas
y dónde empezaba yo.

Fui refugio para tormentas pasajeras,
puerta abierta en mitad de la noche,
hogar para quienes nunca pensaron quedarse.

Los vi llegar con promesas en los labios
y marcharse con mi nombre todavía entre los dedos.

Mientras tanto, yo aprendía a vivir de migajas:
de mensajes sin intención,
de afectos a medias,
de abrazos que nunca tuvieron la intención
de durar.

Qué extraño es darlo todo
y seguir sintiéndote reemplazable.

Mirar atrás y descubrir
que las guerras que libraste por amor
solo las estabas peleando tú.

Que nadie corría detrás de ti.
Que nadie gritaba tu nombre cuando te alejabas.
Que nadie notaba el silencio
que dejabas al marcharte.

Y entonces llega la duda,

esa que se instala en el pecho
como una habitación sin ventanas:

tal vez no soy suficiente,
tal vez nadie me elegirá nunca,
tal vez estoy destinada a ser el lugar donde descansan los demás
antes de continuar su camino.

Pero incluso en medio de esa tristeza
hay una verdad que duele reconocer:

no era amor lo que me daban.

El amor no convierte a alguien en una opción.
No lo mantiene hambriento de cariño.
No le enseña a conformarse con sobras
mientras ofrece banquetes a otros.

El amor se queda.

Y aunque ahora me cueste creerlo,
algún día dejaré de perseguir a quienes se van.
Dejaré de mendigar espacios
en corazones que nunca fueron mi hogar.

Porque merezco algo más
que ser la persona que siempre espera.

Merezco ser la razón por la que alguien se queda.

Y cuando llegue alguien capaz de elegirme
sin dudas, sin juegos y sin despedidas constantes,

entenderé que todas las veces que me soltaron
no demostraban cuánto valía yo,

sino cuánto eran incapaces ellos
de ver lo que tenían delante.

Y por primera vez,

no tendré que rogar amor.

Porque el amor de verdad
no te hace preguntarte si debes quedarte.

Te hace sentir que ya estás en casa.



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