No te quise por el hambre fugaz del deseo, ni por el capricho miserable de quien colecciona cuerpos para olvidar su propia soledad. Lo que sentí por ti pertenecía a un lugar más antiguo que la carne, un sitio donde las sombras aprenden a pronunciar el nombre del amor.
Te necesité como la noche necesita su propia oscuridad para existir. Había en ti una belleza maldita, la serenidad de un sepulcro cubierto de rosas negras, el silencio de una iglesia abandonada donde aún respira el eco de las plegarias olvidadas. Desde el instante en que rozaste mi existencia, comprendí que algunas almas no vienen a salvarnos; vienen a condenarnos dulcemente.
Te amé con una devoción que rozaba el sacrilegio. Mi deseo por ti no ardía: consumía. Era un incendio sin llamas, una fiebre que convertía cada latido en una lenta ceremonia de agonía. Habría bebido de tu silencio como quien bebe un vino envenenado, sabiendo que cada sorbo acercaba un poco más la muerte y, aun así, deseándola.
Pero la vida, esa verduga que jamás se mancha las manos, cerró las puertas de tu alma antes de que pudiera habitarla. Clausuró tu cuerpo como se sellan las criptas donde descansan los santos y los pecadores. También cerró tu tiempo, dejándome condenado a caminar por corredores donde solo vive tu ausencia.
Desde entonces habito un reino de ceniza. Converso con los fantasmas de lo que nunca pudimos ser y acaricio el recuerdo de tu nombre como quien besa una lápida todavía tibia. Porque hay amores que no terminan con la despedida: se pudren lentamente dentro del pecho, floreciendo entre las costillas como lirios negros alimentados por la sangre de quien aún espera.
Y si alguna vez vuelves a encontrarme, no busques al hombre que te amó. Ese murió la noche en que el mundo cerró tus puertas. Lo que quedará frente a ti será apenas la sombra que aprendió a sobrevivir abrazando la oscuridad donde todavía vive tu recuerdo.
-
Autor:
Juan_esteban8a (
Offline) - Publicado: 26 de junio de 2026 a las 03:58
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.