El Día que te Conocí
El día que te conocí
no hubo campanas sonando en el cielo,
ni estrellas cayendo sobre la tierra,
ni señales escritas en las nubes.
Fue un día cualquiera,
de esos que parecen destinados al olvido,
pero bastó una mirada tuya
para convertirlo en el recuerdo más hermoso de mi vida.
Yo caminaba entre mis propias sombras,
arrastrando silencios,
coleccionando heridas,
tratando de encontrar una razón
para seguir creyendo en los sueños.
Entonces llegaste tú.
Llegaste como llega la lluvia
a los campos sedientos,
como llega la aurora
después de una noche demasiado larga,
como llega la esperanza
a un corazón que había olvidado esperar.
El día que te conocí
descubrí que una sonrisa
puede cambiar el rumbo de una existencia,
que unos ojos sinceros
pueden derribar los muros del miedo,
y que una sola persona
puede convertirse en hogar.
Recuerdo nuestras primeras palabras,
los nervios escondidos,
las risas improvisadas,
las horas que parecían minutos
y los minutos que queríamos eternos.
Tomaste mi mano
y sin darte cuenta
me enseñaste a caminar de nuevo.
Me mostraste senderos desconocidos,
paisajes que nunca había imaginado,
y un amor tan puro
que parecía nacido de los sueños.
Desde aquel instante
los días tuvieron otro color.
Las mañanas brillaban más intensamente,
las tardes llevaban tu nombre,
y las noches se llenaban de ilusiones
que danzaban bajo la luz de la luna.
Aprendí a esperarte,
a buscarte entre la multitud,
a guardar tus palabras
como quien guarda un tesoro.
Aprendí a amarte
sin condiciones,
sin promesas,
sin medidas.
Y aunque el tiempo siguió su camino,
aunque los vientos cambiaron de dirección,
aunque la vida nos llevó
por senderos distintos,
hay recuerdos que permanecen intactos.
Aún puedo regresar
a aquel primer encuentro,
a la emoción de descubrirte,
al milagro sencillo
de saber que existías.
Porque algunas personas llegan
para quedarse para siempre,
aunque la distancia las separe,
aunque los años transcurran,
aunque ya no estén cerca.
Y tú eres una de ellas.
Por eso, cuando alguien me pregunta
cuál fue el momento más hermoso de mi vida,
no pienso en triunfos,
ni en fortuna,
ni en días extraordinarios.
Pienso en aquel instante,
en aquella mirada,
en aquel encuentro inesperado.
Pienso en el día que te conocí.
Porque fue entonces
cuando comprendí que el amor existe,
que los milagros suceden,
y que un corazón puede volver a florecer
cuando encuentra a la persona correcta.
Y mientras conserve la memoria,
mientras mi alma siga guardando recuerdos,
habrá una fecha escrita con luz
en las páginas de mi historia:
el día que te conocí.
—Luis Barreda/LAB
Tujunga, California, EUA
Septiembre, 2024.
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Autor:
Luis Barreda Morán (
Offline) - Publicado: 25 de junio de 2026 a las 01:58
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 3
- Usuarios favoritos de este poema: Sheilo Sanz

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