Donde la luz permanece
Desójame en tus venas.
Haz de mí una respiración abierta
entre tus labios hambrientos de mundo.
Golpéame con tu voz,
con ese temblor oscuro
que nace cuando el cuerpo
descubre su intemperie.
Golpéame con el árbol de la desnudez,
junto al océano de hojas
que la luz resguarda en silencio.
Quiero entrar en esa región
donde las cosas todavía no tienen nombre
y el deseo
es apenas una forma del agua
buscando morada.
Es ella:
la fuerza de abril
abriendo las ventanas del aire.
En sus labios vibra un secreto
que no termina de decirse.
Es la gaviota que levanta el vuelo
sobre las olas endurecidas del tiempo;
es el pan y la sal,
la permanencia humilde de la tierra;
es la flor nocturna
que arde lentamente
en la profundidad de la mirada.
Su luz se disemina en los días.
El sol atraviesa su cuerpo
como si buscara recordar
la primera claridad del mundo.
Y mientras el tiempo deshace su rostro
sobre la corriente de las horas,
ella duerme en mi costado
como una piedra luminosa,
como un diamante respirando en la sombra.
Palabra libre.
Flecha de agua.
Corriente que lentamente
me llena de ti.
Te amo por tus palabras,
porque en ellas el mundo encuentra refugio.
Te amo por tu nombre
flotando sobre el agua
como una lámpara nocturna
que no se extingue.
Te amo por la memoria del mar
que envuelve tus pasos,
por el aroma que sostiene la ola
cuando la tarde comienza a inclinarse
hacia el silencio.
Te amo frente al follaje deslumbrado,
bajo la respiración verde de la tierra.
Te amo por la luz de tus ojos,
porque en ellos el día permanece sumergido
como un río secreto
corriendo entre tus venas.
Mi tacto te busca sin ruido.
Atraviesa lentamente tu cuerpo
como quien entra en una casa sagrada
donde cada objeto
ha aprendido a guardar el resplandor.
Y aun las espinas,
clavadas en las pulsaciones del deseo,
arden como estrellas diminutas
abriendo espacio en la noche.
Entonces el universo se aproxima.
Las galaxias giran lentamente
sobre la vibración de la luna,
y nuestros cuerpos,
apenas visibles en la penumbra,
se vuelven lenguaje,
constelación respirando en la materia.
Me levanto con el deseo de amar.
Amar
como quien escucha el origen del agua,
como quien permanece despierto
frente al temblor de las cosas.
Y en las constelaciones del cuerpo,
donde los pechos se dispersan
en letras transparentes,
comprendo por fin
que el amor no ilumina el mundo:
lo habita.
-
Autor:
José Honorio Martínez Ochoa (
Offline) - Publicado: 25 de junio de 2026 a las 00:13
- Categoría: Amor
- Lecturas: 7
- Usuarios favoritos de este poema: Sheilo Sanz, racsonando
- En colecciones: Poemas de amor.

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.