LA GRAN GUERRA DEL CARBOHIDRATO

Oney ✒️



 

 

El sol pegaba fuerte sobre la baldosa de la terraza. Allí, reluciente como un diamante cubierto de gluten, yacía una miga de pan del desayuno.

Flavia, una hormiga obrera de antenas imponentes, llegó primero y la abrazó como si fuera su hijo perdido. Pero justo cuando iba a levantarla, apareció Canuto, una hormiga de otra colonia, con cara de pocos amigos.

—Suelta el carbohidrato, Flavia. Yo lo vi primero desde el borde de la maceta —dijo Canuto, cruzándose de brazos o de patas.

—¿Desde la maceta? ¡Por favor, Canuto! Eso es prácticamente otra provincia —replicó Flavia, sin soltar la miga—. Yo ya le puse mi feromona de propiedad privada. Huele, huele. Huele a victoria.

Canuto se acercó y olisqueó con desdén.

—Eso no huele a feromona, huele a que pisaste un charco de zumo de naranja. Además, técnicamente, esta miga cayó en el cuadrante de mi colonia. El tratado de paz de la pata de la mesa de 2025 nos respalda.

—¡Ese tratado expiró cuando tu primo se comió mi trozo de lechuga el mes pasado! —gritó Flavia, dramatizando y llevándose una pata al pecho—. ¡Esta miga es mía! Es perfecta. Mira esa corteza, ese núcleo esponjoso... ¡Tiene sésamo, Canuto! ¡SÉSAMO!

Canuto se desesperó. Intentó tirar de un extremo de la miga.

—¡Suéltala! ¡Hoy es el cumpleaños de la Reina y le prometí un pastel! Si vuelvo con otra pata de mosca me va a mandar a limpiar los túneles del baño.

—¡Pues dile a tu Reina que se ponga a dieta! —respondió Flavia, tirando del otro extremo—. Mi colonia está intentando construir un búnker anti-chanclas y necesitamos energía de la buena.

Empezaron un forcejeo digno de una película de acción. “¡Mía!”, “¡Tuya!”, “¡Que la sueltes!”, “¡Antes muerta que sin gluten!”.

De repente, una sombra gigantesca cubrió el campo de batalla. Un sonido ensordecedor se acercó a toda velocidad.

¡FIIIIIUUUUU!

Una ráfaga de aire descomunal barrió la baldosa. El humano de la casa acababa de pasar un cepillo gigante para barrer la terraza. Cuando el polvo se asentó, Flavia y Canuto se miraron. Estaban despeinadas, con las antenas torcidas y, lo peor de todo... la miga de pan había desaparecido para siempre en el olvido del recogedor.

Hubo un silencio trágico.

—Bueno... —dijo Canuto, sacudiéndose el polvo—. ¿Nos agarramos a golpes por esa mancha de mermelada de allá o qué?

Flavia miró la mancha roja a unos centímetros.

—Me parece justo. El último que llegue es una hormiga reina. ¡Al ataque!

 

© 2026 Oney ✒️ 

 

 

 

 

 

 

 

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Comentarios2

  • MISHA lg

    vaya guerra .... buen cuento poeta
    gracias por compartir

    De repente, una sombra gigantesca cubrió el campo de batalla. Un sonido ensordecedor se acercó a toda velocidad.

    ¡FIIIIIUUUUU!

    Una ráfaga de aire descomunal barrió la baldosa. El humano de la casa acababa de pasar un cepillo gigante para barrer la terraza. Cuando el polvo se asentó, Flavia y Canuto se miraron. Estaban despeinadas, con las antenas torcidas y, lo peor de todo... la miga de pan había desaparecido para siempre en el olvido del recogedor.


    besos besos
    MISHA
    lg

  • Salvador Santoyo Sánchez

    Muy bueno.
    Saludos



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