Anoche me encontré con el niño que fui.
Estaba sentado bajo la sombra de un árbol imaginario, con las rodillas cubiertas de tierra, los zapatos gastados y la sonrisa intacta. Aún conservaba esa manera de mirar el mundo como si cada amanecer fuera un milagro recién estrenado.
Cuando me vio, corrió hacia mí con la alegría de quien vuelve a encontrar un tesoro perdido.
Pero al acercarse, su sonrisa se fue apagando.
Me observó en silencio.
Y entonces preguntó:
—¿Qué te pasó?
No era una pregunta cualquiera. Era el grito de un alma inocente tratando de comprender en qué rincón del camino se había quedado la luz.
—¿Dónde dejaste tu risa? —susurró—. ¿Por qué tus ojos parecen llevar inviernos enteros por dentro?
Bajé la mirada.
¿Cómo explicarle que hay dolores que no existían cuando él habitaba mi pecho? ¿Cómo contarle que a veces la vida no rompe de golpe, sino lentamente, como la lluvia que termina desgastando la piedra?
Él siguió hablando.
—Éramos pobres en muchas cosas, pero ricos en sueños. No teníamos mucho y aun así éramos felices. Hacíamos castillos con la imaginación y convertíamos cualquier tarde en una aventura. Entonces, ¿en qué momento el mundo dejó de ser hermoso para ti?
Sentí un nudo en la garganta.
—Dime —insistió—, ¿en qué fallé yo para convertirme en este hombre tan triste?
Y aquellas palabras me atravesaron como una espada.
Porque él no sabía que nunca había fallado.
Que quien falló fue el tiempo.
Que fallaron las despedidas.
Que fallaron los abrazos que nunca llegaron.
Que fallaron las personas que prometieron quedarse y se marcharon.
Que falló la vida tantas veces que terminó llenándome de cicatrices invisibles.
El niño me tomó de las manos.
Sus pequeñas manos.
Las mismas que un día tocaron el cielo desde la copa de un árbol.
—Antes llorabas cuando te dolía el alma —dijo—. Ahora escondes tus lágrimas como si sentir fuera un pecado.
Sus ojos comenzaron a humedecerse.
—Antes corrías a los brazos de mamá y el mundo dejaba de dar miedo. ¿Por qué ahora cargas solo con tanta tristeza? ¿Por qué aprendiste a sufrir en silencio?
No pude responder.
Porque hay preguntas que solo saben hacerse los niños y que los adultos jamás logran contestar.
Entonces él me abrazó.
Y en aquel abrazo cabían todas las tardes bajo la lluvia, todos los juegos olvidados, todas las risas enterradas por los años.
Apoyó su cabeza sobre mi pecho y escuchó el ruido de mis heridas.
Luego dijo algo que terminó de romperme:
—Yo no quiero que seas fuerte.
Quiero que vuelvas a ser feliz.
Quiero que vuelvas a mirar las nubes sin pensar en tus problemas.
Quiero que vuelvas a emocionarte por las cosas pequeñas.
Quiero que vuelvas a creer que mañana puede ser hermoso.
Quiero volver a escuchar esa risa que un día fue nuestra.
Y entonces comprendí que el niño no había venido a preguntarme por qué estaba roto.
Había venido a recordarme quién era antes de romperme.
Y mientras desaparecía entre la niebla de los recuerdos, escuché por última vez su voz:
—Por favor… no te mueras antes de volver a vivir.
Porque todavía te estoy esperando.
Y todavía sueño con volver a verte sonreír.
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Autor:
El oscuro (
Offline) - Publicado: 24 de junio de 2026 a las 14:42
- Comentario del autor sobre el poema: Este poema es una conversación imaginaria entre mi yo adulto y el niño que alguna vez fui. Habla sobre el paso del tiempo, sobre cómo la vida, las pérdidas, las heridas y las responsabilidades pueden ir apagando poco a poco la alegría y la espontaneidad que caracterizan la infancia. Es el encuentro entre dos versiones de una misma persona: una que veía el mundo con asombro y esperanza, y otra que carga el peso de los años y de las batallas que nadie ve. A través de este diálogo, el poema invita a reflexionar sobre cuánto hemos cambiado, qué hemos perdido en el camino y la importancia de reencontrarnos con aquella parte de nosotros que aún sabe sonreír, soñar y encontrar belleza en las cosas simples.
- Categoría: Triste
- Lecturas: 6
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z., alicia perez hernandez

Offline)
Comentarios1
Todos llevamos un niño dentro que reclama que ya no somos lo que fuimos porque ese niño llora abandono, tristezas, dolor, hambre de ser visto y sentido en el interior donde sigue latiendo su corazón al mismo ritmo del niño grande que él espera ser consolado, amado, protegido pero el niño grande esta tan herido que no repara que el abandono es mutuo y que igual deben abrazarse, amarse para sanar y volver a ser felices riendo, jugando esos juegos de niños donde había convivencia y comunicación, las heridas no sanan solas hay que dejar que el niño grande saque todo lo que le lastima y todo lo que nunca dijo y escondió en lo profundo de su alma y el niño hombre no lo superó. mis buenos deseos de que el hombre grande sane su alma y vuelva a ser feliz. Un abrazo
Gracias por tu comentario y es muy acertada en todas las observaciones.
También agradezco que te hayas interesado en mi poema
El oscuro
24 de junio de 2026 a las 12:35
Gracias por tu comentario y es muy acertada en todas las observaciones.
También agradezco que te hayas interesado en mi poema
.......
Tu poema tocó mi alma porque al igual la niña que fui no ya se ha perdido en la soledad y el abandono aunque rías para demostrar que todo esta bien y aunque estés rodeada de la gente que te quiere cuando llega la noche la niña interior empieza a llorar los recuerdos que ya no están y que estas tan sola que nada te consuela. cuando lees un poema que te toca es porque es como verte en un espejo. Disculpa eso sentí al leer tu poesía. de nuevo un abrazo
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