Ten piedad de mi, mi señor,
Como aquel padre al ver a su hijo
En cruz, quebrado y lleno de lágrimas,
No sucumbió a su ira.
Ten piedad de mi, mi Dios,
Porque el mal acecha cada día,
Porque la tentación está en cada esquina,
Templanza para la batalla, otórgame.
Ten piedad de mi, santo grande celestial,
Que a través del conocimiento oculto,
Llegué a ti, y vi tu grandeza,
Haces que los corazones sean ardientes.
Ten piedad de mi, padre,
Aunque no te viese, ahí estabas,
Te rechacé por orgullo,
Y te quedaste a mi lado,
Ahora eres mi espada y mi escudo,
Mi estandarte ante la batalla,
Y si he de morir, señor,
Lo haré alabándote fielmente
Y te recibiré con los brazos abiertos
Como quien recibe a un amigo y compañero.
Ten piedad de mi, un servidor,
Que no merece tu voz,
Aunque haya una vez que te pedí morir,
Tú, tú me otorgaste vida,
Y me demostraste que si se puede vivir.
Ten piedad de este humilde ciervo,
Con mi alma y corazón
Arrodillados ante tu grandeza, te pido;
Acompáñame, viejo amigo,
Cura las heridas de mis derrotas,
Regocíjate en mis victorias,
Porque tú eres, Dios,
Quien guía mi espada ante el mal,
Quien porta mi escudo ante el indefenso.
Ten piedad de mi, Santo celestial.
-
Autor:
Ignacio Velásquez (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 23 de junio de 2026 a las 17:37
- Categoría: Religioso
- Lecturas: 3
- Usuarios favoritos de este poema: racsonando

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.