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Carlos Baldelomar


AVISO DE AUSENCIA DE Carlos Baldelomar

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Hay días como estos
que despiertan entre una lluvia tímida,
un lloviznar de invierno
que moja las aceras de silencio.

Los pájaros ciegos cantan
desde las cuatro de la madrugada.
No los veo, pero imagino
que aguardan alguna esperanza
del horizonte.

Yo, en cambio, no canto.
O al menos eso digo
para no atizar esa luz
que de pronto me palpita
aquí en mi pecho.

Pero si me diera por cantar,
seguro que repetiría tu nombre.
Aunque parezca un esfuerzo inútil,
a veces uno repite y repite una palabra,
un deseo,
un rostro,
para obligarlo a ser cierto.

No todas las mañanas hay lluvia.
pero aca en mis adentros, nada cambia.

De un tiempo hasta aquí,
tu imagen ya se hizo madriguera en mis mañanas.
Y te confieso que a veces me cansa,
porque me dan ganas de espantar esos pajarracos
del techo,
de los árboles,
y hasta del barrio.
De retrasarle los pasos al sol en la ventana,
de callar de una vez por todas
los ecos que no escapan de mi cabeza.

Tengo ganas de limpiar este paisaje,
de apalear tu recuerdo con una vieja escoba,
de borrar tu nombre de las calles.
O tal vez,
si de pronto me diera el coraje,
dejar de ser este que escucha
y ser el que canta en las mañanas,
aguardando no el sol,
sino ese toque más cálido
y más delicado
de tu boca.

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