Devastación de la tarde

David Galán Parro

Ya empieza la devastación de la tarde;

 

esa en la que tus llamadas

 

son las primeras víctimas de tu ausencia definitiva.

 

Luego, iré a recoger sus cadáveres

 

al borde de la marea

 

no para revivirlos

 

—pues hemos convenido que así sea—,

 

sino para hacerles un luto

 

que reivindique

 

que fuimos algo cierto, digno y memorable.

 

El mar me salvará por un instante,

 

pero de vuelta a casa

 

volverá la devastación de la tarde

 

minuciosa, quirúrgica, dulce,

 

cuando entre paredes

 

quede tan sólo la respiración y el latido

 

golpeándome las entrañas

 

como martillo sobre hierro candente en la fragua.

 

Luego, querré encontrar palabras precisas,

 

literatura obscena, plañidera

 

—esto que ahora escribo lo atestigua—,

 

de las que nadie pedirá cuenta,

 

porque todos acarrean lo mismo,

 

y así cuando por fin sean escritas y todo parezca perdido,

 

justo cuando todo sea desierto y noche,

 

se encenderán las luces de las calles

 

regalándome la esperanza

 

de que tal vez mañana

 

halle algo de silencio

 

en mi corazón lacerado.

 

 

David Galán Parro

 

16 de junio de 2026

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