Ya empieza la devastación de la tarde;
esa en la que tus llamadas
son las primeras víctimas de tu ausencia definitiva.
Luego, iré a recoger sus cadáveres
al borde de la marea
no para revivirlos
—pues hemos convenido que así sea—,
sino para hacerles un luto
que reivindique
que fuimos algo cierto, digno y memorable.
El mar me salvará por un instante,
pero de vuelta a casa
volverá la devastación de la tarde
minuciosa, quirúrgica, dulce,
cuando entre paredes
quede tan sólo la respiración y el latido
golpeándome las entrañas
como martillo sobre hierro candente en la fragua.
Luego, querré encontrar palabras precisas,
literatura obscena, plañidera
—esto que ahora escribo lo atestigua—,
de las que nadie pedirá cuenta,
porque todos acarrean lo mismo,
y así cuando por fin sean escritas y todo parezca perdido,
justo cuando todo sea desierto y noche,
se encenderán las luces de las calles
regalándome la esperanza
de que tal vez mañana
halle algo de silencio
en mi corazón lacerado.
David Galán Parro
16 de junio de 2026
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Autor:
David Galán Parro (
Offline) - Publicado: 22 de junio de 2026 a las 14:10
- Categoría: Amor
- Lecturas: 4
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Mauro Enrique Lopez Z.

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