Quiso ser como la voz del arriero
que anima sin pausa a su dócil mula,
pero se tornó bronco y pendenciero
y en Vuelta Falsa se alejó de bula.
En la orilla hermana hubo un talle fiero
que encandiló su mente y especula.
Mina Fronteriza ofreció el vaciero.
Corrió la sangre por toda la dula.
Ni celtas, ni romanos, ni Santa Ana
pudieron con la fuerza de un amor
que en la coraza que lo protegía
desestimó, considerando vana,
la preclara ayuda que sin pudor
el humilde Andévalo le ofrecía.
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Autor:
J.R. Infante (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 22 de junio de 2026 a las 07:42
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 4
- Usuarios favoritos de este poema: Daniel Omar Cignacco

Offline)
Comentarios1
Ni celtas, ni romanos, ni Santa Ana
pudieron con la fuerza de un amor
que en la coraza que lo protegía
desestimó, considerando vana,
la preclara ayuda que sin pudor
el humilde Andévalo le ofrecía.
Excelente
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