Noche de torbellino
Una simple pastilla apagó mi alegría,
encendiendo un fogaje de tos y de desvelo;
el veneno escarlata que mi cuerpo sufría,
activó mis defensas con su más puro anhelo.
"Nos vamos al doctor", dijo el ángel guardián,
la chata se levanta con voz muy decidida;
sus ojos amorosos la angustia calmarán,
sabiendo con luz de oro que riesgo corría mi vida.
La aguja de emergencia inyectó la corriente,
un río de adrenalina cruzó por mis venas;
un rayo involuntario sacudió mi mente,
dejando en el pasado la sombra de mis penas.
Sentí el desespero que quiebra la calma,
el viaje sin rumbo que aturde al adicto;
hoy pido, Señor, púrpura en mi alma,
por todo aquel ser con tan cruel veredicto.
Qué gran moraleja me dejas, Dios mío,
del susto de anoche resurjo bendecida;
la chata es el faro que guía mi río,
¡a quien Tú usas hoy para salvar mi vida!
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Autor:
LINA MARIA GARCIA (
Offline) - Publicado: 21 de junio de 2026 a las 19:12
- Categoría: Espiritual
- Lecturas: 5
- Usuarios favoritos de este poema: Poesía Herética

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